15 feb. 2006

El hombre y su máscara

David Alfaro Siqueiros
en el Museo de Arte de El Salvador

Mayra Barraza


El verdugo mira mi sangre,
y yo clavo los ojos en el cielo.

“Luz negra”, Alvaro Menen Desleal

Autorretrato
Carboncillo sobre papel
1946


I
1946. Se mira al espejo, desliza carboncillo en mano sobre el papel, simula recorrer la tersa piel, los prominentes pómulos, las cuencas de los ojos. Se mira a sí mismo, en sus ojos mira el cielo azul y soleado, al fondo un horizonte. Se acerca y sobrevuela la Rotonda de los Hombres Ilustres, allí una multitud de negro se congrega alrededor de un angosto hueco en la tierra. A un lado un féretro, en él su propio rostro impávido cual fría máscara de sonriente mueca. La visión de su muerte le agita la mano. Dibuja con furia. Cada momento cuenta, cada trazo una batalla ganada contra el tiempo.
u
David Alfaro Siqueiros nace en el estado norteño de Chihuahua, México, en 1896. El ímpetu por dejar su voz y huella en el mundo esta presente desde temprana edad. Ya en 1911 con apenas 15 años de edad, en la afamada Academia de San Carlos donde estudia, participa en una huelga estudiantil oponiéndose con éxito a los antiguos métodos de enseñanza ahí utilizados.

La renovación permanente, el movimiento y la oposición de fuerzas son constantes en su vida. Se vuelca a ello en todo lo que le apasiona profundamente y a través de lo cual puede ejercer una acción y repercusión directa: el arte y la política.

En su producción pictórica investiga con técnicas y materiales novedosos como el soplete o la piroxilina (pintura de automóviles de secado rápido), con nuevos soportes como el muro, y fusionando sus imágenes con la escultura y los espacios arquitectónicos. Desarrolla teorías sobre el espectador en movimiento, el dinamismo de los planos y espacios, y la incorporación del “accidente controlado” a la obra de arte.

Los elementos que caracterizan sus obras son la escala monumental, el uso de una perspectiva acentuada y la robustez de las figuras, el sentido dramático de la luz y la mezcla de realismo y simbolismo en las que el gesto del pintor es protagonista. Siqueiros es plenamente consciente que sus propuestas estéticas son también políticas.

Es así como junto con Diego Rivera y José Clemente Orozco conforman la llamada Escuela Muralista Mexicana, influenciados directamente por la Revolución de 1910 y los movimientos artísticos europeos, pero también por el interés en exaltar sus raíces precolombinas y el ideario marxista de justicia social. En 1922 pinta su primer mural en el ex Colegio de San Ildefonso.

Marta Traba, historiadora del arte, describe ese movimiento como el “más importante de la plástica continental de comienzo del siglo…que cumpliera un papel social de primera importancia en las nuevas sociedades latinoamericanas”. En El Salvador vemos sus influencias en la obra de Camilo Minero (mostrada simultáneamente en el Museo de Arte) y Violeta Bonilla, y más recientemente en la pintura de Antonio Bonilla.


El verdugo
Acrílico sobre madera
1962


II
1962. Se mira a sí mismo y en sus ojos mira la muerte. Su presencia se vuelve insoportable. Se sabe su propio verdugo y la sola idea le atormenta. Debe continuar luchando - si es necesario a ciegas - pero para ello debe ocultar la prueba certera de su crimen. Toma con un grueso pincel la pintura que yace ahí a su lado y cubre su cabeza entera con pliegues de un manto. Sus manos dejan huellas ensangrentadas de la pugna de ideas que libra en su interior.

Siqueiros se lanza al campo de batalla.

En 1913 se incorpora a las fuerzas revolucionarias que dirigía Venustiano Carranza para cuatro años después llegar a capitán segundo del Estado Mayor del general Manuel M. Diéguez. En Guadalajara en 1918, organiza un grupo llamado el Congreso de Artistas Soldados y un año después viaja a París con un nombramiento diplomático militar que termina llevándole a Barcelona.

José Vasconcelos, secretario de educación pública y gestor del movimiento muralista, le pide regrese a México en 1922 para unirse a la iniciativa. En 1923 ingresa al Partido Comunista Mexicano y funda un semanario llamado El Machete que fuera posteriormente órgano oficial del Partido. En ese mismo período fundan el Sindicato de Obreros, Técnicos, Pintores y Escultores del cual sería secretario general. Después de gran actividad proselitista es nombrado presidente de la Liga Antimperialista de las Américas. Entre 1926 y 1930 trabaja como secretario general del Sindicato Minero y de la Federación Obrera de Jalisco. Su militancia le gano la cárcel en varias ocasiones y el confinamiento a Taxco en exilio interno en 1931, para luego ser expulsado de México por subversivo. En 1937 viaja a España para incorporarse al Ejército Popular Español donde comanda las Brigadas 46, 52, 82 y 88 y alcanza el grado de teniente coronel de la 29º división.

En el gran cisma que dividió al mundo comunista, Siqueiros se situó firmemente en el extremo Stalinista. Prueba de ello es que a su regreso a México en 1940, la mañana del 24 de mayo, lidera un asalto a la casa de León Trotsky en el suburbio de Coyoacán, atacando con fuego de ametralladora y explosivos. Felizmente para Trotsky, aunque no por mucho tiempo, salió ileso. Siqueiros es aprehendido y sometido a juicio.

“En la guerra arte de guerra” titula su manifiesto de 1943 para luego anunciar su gira por toda América. Recorre Perú, Ecuador, Colombia, Panamá y llega a Cuba para constituir el Comité Continental de Arte para la Victoria. En 1960 viaja a Cuba y Venezuela. Publica La historia de una insidia. ¿Quiénes son los traidores a la patria? Mi respuesta. Es aprehendido el 9 de agosto acusado de disolución social y encarcelado por el Presidente Adolfo López Mateos por su apoyo a los lideres obreros ferroviarios. Sin embargo logra salir libre en 1964 bajo el argumento que todo mexicano que hubiese prestado importantes servicios a la nación podía quedar libre al cumplir la mitad de su condena.

10 años después Siqueiros muere. El hombre y su máscara se develan uno solo en su obra. Y es ahí donde ahora clavo mis ojos.