19 mar. 2010

Esperanto: Frantz Fanon


IDEAS
Frantz Fanon

MAR, 1925 – USA, 1966

De “Los condenados de la tierra”


Frantz Fanon es uno de los intelectuales que con mayor precisión ha trabajado el tema de la colonización política, ideológica y cultural. Su presencia en la Revolución argelina fue decisiva para corroborar en la práctica todo lo que del poder colonial había aprendido cuando cursaba sus estudios en París. “Los condenados de la tierra” -ensayo prologado por Jean Paul Sartre- es su obra más emblemática, publicada tras su muerte, en 1961. Para Fanon, la liberación nacional significaba mucho más que la independencia, ya que se constituía en un proceso de autoliberación y reconocimiento.

http://www.youtube.com/watch?v=VfUdOREnsDo

http://www.youtube.com/watch?v=-KNSipIY5cI


El racismo antirracista, la voluntad de defender la propia piel que caracteriza la respuesta del colonizado a la opresión colonial representan evidentemente razones suficientes para entregarse a la lucha. Pero no se sostiene una guerra, no se sufre una enorme represión, no se asiste a la desaparición de toda la familia para hacer triunfar el odio o el racismo. El racismo, el odio, el resentimiento, "el deseo legítimo de venganza" no pueden alimentar una guerra de liberación. Esos relámpagos en la conciencia que lanzan al cuerpo por caminos tumultuosos, que lo lanzan a un onirismo cuasipatológico donde el rostro del otro me invita al vértigo, donde mi sangre llama a la sangre del otro, esa gran pasión de las primeras horas se disloca si pretende nutriste de su propia sustancia. Es verdad que las interminables exacciones de las fuerzas colonialistas reintroducen los elementos emocionales en la lucha, dan al militante nuevos motivos de odio, nuevas razones de salir en busca del colono "para matarlo". Pero el dirigente comprende día tras día que el odio no podría constituir un programa. No se puede, sino por perversión, confiar en el adversario que evidentemente se las arregla siempre para multiplicar los crímenes, agrandar el "abismo", empujando así a la totalidad del pueblo del lado de la insurrección. En todo caso, el adversario, como lo hemos señalado, trata de ganarse la simpatía de ciertos grupos de la población, de determinadas regiones, de diversos jefes. En el curso de la lucha, se dan consignas a los colonos y a las fuerzas de policía. El comportamiento se matiza, "se humaniza". Se llegará inclusive a introducir en las relaciones entre colono y colonizado tratamientos tales como Señor o Señora. Se multiplicarán las cortesías, los cumplidos. Concretamente, el colonizado tiene la impresión de asistir a un cambio.

El colonizado que no sólo ha tomado las armas porque se moría de hambre y contemplaba la desintegración de su sociedad, sino también porque el colono lo consideraba como un animal, lo trataba como a un animal, se muestra muy sensible a esas medidas. El odio es desviado mediante esos hallazgos psicológicos. Los tecnólogos y los sociólogos iluminan las maniobras colonialistas y multiplican los estudios sobre los "complejos": complejo de frustración, complejo belicoso, complejo de "colonizabilidad". Se promueve al indígena, se intenta desarmarlo mediante la psicología y, naturalmente, con algunas monedas. Esas medidas miserables, esos revocos de fachada, sabiamente dosificados por otra parte, llegan a producir ciertos éxitos. El hambre del colonizado es tal, su hambre de cualquier cosa que lo humanice —aun limitadamente— es hasta tal punto incoercible, que esas limosnas consiguen hacerlo vacilar localmente. Su conciencia es de tal precariedad, de tal opacidad, que responde a la menor chispa. La gran sed de luz indiferenciada de los comienzos se ve amenazada constantemente por la mixtificación. Las exigencias violentas y globales que tendían al cielo se repliegan, se hacen modestas. El lobo impetuoso que quería devorarlo todo, que quería efectuar una auténtica revolución puede volverse, si la lucha dura, y efectivamente dura, en irreconocible. El colonizado corre el riesgo, constantemente, de dejarse desarmar por cualquier concesión.

Los dirigentes de la insurrección descubren con temor esa inestabilidad del colonizado. Desorientados primero, comprenden, por esta nueva desviación, la necesidad de explicar y de realizar el rescate radical de la conciencia. Porque la guerra dura, el enemigo se organiza, se fortalece, adivina la estrategia del colonizado. La lucha de liberación nacional no consiste en franquear un espacio de una sola pisada. La epopeya es cotidiana, difícil y los sufrimientos que se experimentan superan a todos los del periodo colonial. Abajo, en las ciudades, parece que los colonos han cambiado. Los nuestros son más felices. Se les respeta. Los días suceden a los días y lace falta que el colonizado entregado a la lucha y el pueblo que debe seguir brindándole su apoyo, no se quebranten. No deben imaginar que han alcanzado el fin. No deben imaginar, cuando sé les precisen los objetivos reales de la lucha, que eso no es posible. Una vez más, hay que explicar, es necesario que el pueblo sepa hacia dónde va, que sepa cómo llegar allá. La guerra no es una batalla sino una sucesión de combates locales, ninguno de los cuales es, en verdad, decisivo.



Esperanto: Emilia Prieto

ARTES VISUALES
Emilia Prieto

CRI, 1902-1986

“sin justicia no hay verdadero derecho,

no hay paz, no hay vida posible digna sobre la tierra”.

Emilia Prieto

Emilia Prieto, justicia y utopía

Sila Chanto

http://silachanto.blogspot.com/

http://www.redcultura.com/expos/emilia_prieto


Emilia Prieto (1902-1986) vivió su vida contrariando el lugar común “No le pidan peras al olmo”, apelando a transformaciones posibles para alcanzar un mundo más justo. Colaboradora incansable del Partido Comunista, desenfadadamente antiimperialista, repudiaba además el “arte por el arte” de la burguesía liberal del mismo modo en que se oponía a la economía liberal que tenía hipotecado al país. Su crítica estaba dominada por un juicio ético, en el que desmantela el escenario idílico de la demagogia política y su repercusión en la representación iconográfica de sus contemporáneos. Cada dibujo, cada grabado, cada canción recuperada o frase acuñada, tienen el mismo sentido que su participación en grupos de presión política: el señalamiento de los problemas, de la realidad, donde otros solo encuentran visiones complacidas de la historia, en una apelación a la utopía posible, al que está ligado su sentido de justicia. Su estética, por tanto resulta indisoluble de su fundamento ideológico.

La investigación independiente “Las peras del olmo obra gráfica de Emilia Prieto”, de Carolina Córdoba y Sila Chanto, fue presentada al público en el año 2004 en San José, y contó en ese momento con la colaboración de el Museo de Arte Costarricense, y actualmente, a través de Redcultura.com, es que se ha logrado su permanencia en línea para el acceso planetario de la obra. Tuno, molino de papel y el Taller de Restauración Conarte, y colaboradores particulares hicieron posible la experiencia. La investigación no solo reformuló el recuerdo sobre la obra de esta artista, sino además, sobre nuestro propio pasado en el arte; problematizó especialmente sobre cómo se construye su omisión o reducción del relato de las artes plásticas, a pesar de haber realizado una intensa y particular producción en la primera mitad del siglo XX. Por extrapolación se cuestionan todos los procesos políticos de (in)visibilización del arte y específicamente del grabado, dudando fundamentalmente del concepto de “tradición” que ha permeado la noción conservadora y reaccionaria de la historia del arte y la cultura local idílica del estado nacional patriarcal. El estudio de esta obra, ha planteado una justa duda sobre los procesos políticos de la visualidad, las instancias que tienen el control político y económico de los argumentos en el arte para validar o retardar los procesos de asimilación de las imágenes, colaborando con ello, en la construcción tanto de memorias como de olvidos.

El reconocimiento posterior que le valió el honorífico Premio Áncora 2005 en investigación en Artes Plásticas, ha sido seguido por el interés de otras instancias que volcando su interés en la obra, que lamentablemente utilizan los insumos de la investigación a título institucional, sin haber apoyado el proceso. En Centroamérica, muchos celebran resultados, pero pocos apoyan y financian las investigaciones que se desarrollan al margen de planes académicos o perfiles institucionales. Mientras no se subsane este deshonroso trato para las investigaciones marginales en el campo de la investigación realizada por mujeres centroamericanas, seguiremos invisibilizando no solo a las “sujetas” como “objeto de estudio”, sino también a las “sujetas” como realizadoras, cambiando unos nombres por otros.

Prieto presentaba con ironía las demandas del feminismo de la burguesía liberal de principio de siglo, permitiéndose así mismo dudar del supuesto aparato democrático y de la conciencia política de las mujeres conservadoras, es decir, de la derecha en el país; sin embargo, con una clara posición sobre el lugar del que enunciaba su problemática. De nada sirve, como bien planteó a través de algunos de sus grabados conquistar derechos, si esto se convierte en una igualación vacía de contenidos, en meros placebos que reproducen la verticalidad del orden imperante, y que no colaboran finalmente en transformar las condiciones para alcanzar una sociedad más justa. Los valores por los que vivió y produjo, siguen absolutamente vigentes, sus enemigos ideológicos, siguen siendo los mismos.

Enero 2009