6 jun. 2010

Bloga: Elena Salamanca, Javier Ramírez, Ernesto Bautista, Ricardo Marcenaro

La soprano

Las Gueltas
Blog de Elena Salamanca

http://huelvelena.blogspot.com/


En mi colegio de señoritas españolas venidas a menos éramos muy católicas*, tanto que todo el mes de mayo, el mes de la Virgen, nos la pasábamos rezando y cantando.


Entonces era un honor ser elegida para participar en las flores de mayo, y yo, por supuestísimo, aparecí en todas desde primer grado hasta segundo año de bachillerato porque siempre estuve en cuadro de honor y cuando dejé de sacar buenas notas --desde octavo no saqué 10 nunca más, excepto en inglés y música--, me quedo el apellido --tenía una prima nerdísima-- y el garbo y ahí me seguían llamando.


Entonces yo cantaba.


En los actos cívicos, el día del maestro, el del cumpleaños de la directora --post aparte coming soon--, las misas y las flores de mayo.


En el colegio había un coro que de vez en cuando iba a cantar misa a la Iglesia San Francisco --ya pueden imaginarse de dónde me viene la locura por la madera y lámina--. Don Enrique, mi profesor de música que me cambió la vida desde prepa-- elegía niños cada año. Se podía entrar desde tercer grado porque en teoría ya podíamos leer bien las canciones.


El año de mi tercer grado yo iba a hacer la comunión y don Enrique sufrió mucho por "no audicionarme" porque el ensayo de coro chocaba con el catecismo.
Cuando pasó mi comunión me mandó a llamar, me hizo cantar Jeeeesúuúúús deeeja su troooooono en míííííí_viene_a_reinaaaaaaaaar, y me dio tanta pena que me dio tos. Entonces a él le gustó mi tos y me mandó al coro --yo sé que hizo truco--.


"Es soprano", dijo.


Las profesoras se dieron cuenta de que habíamos demasiados niños en el coro y que perdíamos clase y entonces le pidieron que lo redujera el tamaño. Entonces don Enrique hizo una audición en su piano de cola --post aparte-- y poco a poco se fueron casi todos los niños, sobre todo las niñas de tercer grado. Solo Blanquita --que todavía no había desarrollado y luego fue una cosa muy rara-- y yo quedamos. Yo volví a toser porque era una gran bayunca, y todavía, y don Enrique volvió a su "Es soprano".


Y yo no sabía qué era eso, pero significaba que no me iba del coro y me convertía en una estrella en el tercer grado.


Y así pasamos al cuarto y canté en la flor de mayo en un corito que era solo de cuatro niñas, aquellas solistas estrellas entre las profesoras viejitas y con lentes de aro gigante, algo retro.


Cuando llegamos al quinto grado me llevó Judas. Hacían siempre un corito de cinco titulares que cantábamos en el micrófono y toda la cosa.
Entonces me seleccionaron para el mentado corito, y cuando estábamos ensayando la profesora --ya no me acuerdo cómo se llamaba!!!-- dijo: "No, no, no", y paró el ensayo.


"Canten otra vez"


Y cantamos.


La maitra dijo: "No, usted no canta".


Usted era yo.


Yo me sentí ahuevada, triste y de todo.


"Usted es solista, no puede cantar en el coro".


Y me sacó.


Me dieron a leer una historia de un milagro de una niña ciega que curó la Virgen de Lourdes como premio de consuelo.


Y cuando don Enrique se enteró --yo lo enteré--, se enojó.


Entonces la profesora me llamó y me dijo que mi voz sobresalía en el coro y se oía mal por eso, pero no era que yo cantara feo, y que bla, y yo la odiaba porque esas eran las últimas cosas que me quedaban de infancia, ya se habían muerto mi padre y mi bisabuela --yo sostengo que uno deja de ser niño al tener conciencia de la muerte, y mi papá murió cuando yo iba a tercero--, y a finales de ese año me vino la regla.



Y pasé muy triste el resto de mi vida escolar, podrida en esa casona neocolonial pintada con pintura de aceite --donde hice mis primeras calas cromáticas sin saberlo-- y aunque me llamaban para los actos y para ensayar a niños de otros grados no era igual, yo cantaba feo, yo no cantaba como el resto de niñas, yo desentonaba con ellas y era muy infeliz.


Con los años supe qué era tener voz de soprano y no me sirvió de nada.
Canto solo cuando lavo platos y manejo y mi mayor frustración en la vida es no poder cantar nunca La Habanera, ni si quiera a la hora de arreglar camas.



La Habanera es para mezzo**.

  • Tan católico que se fundó porque a una de las dueñas le llegó una caja misteriosa con una imagen de la virgen adentro y no recuerdo qué más.
    ** Pero la cantó la Mariíta Callas, va, y ella es soprano.




¿Es bueno comenzar con un verbo en infinitivo? R/ No

Dicen que nadie es perfecto
Blog de Javier Ramírez

http://dicenquenadieesperfecto.blogspot.com/2010/04/es-bueno-comenzar-con-un-verbo-en.html

Matar los zancudos con mi guayabera sucia. No paro de leer. Mi brazo se mueve independiente de mí, a mi servicio, y agita la guayabera sucia cerca de donde zumban los zancudos. El brazo paralelo al torso. La perfecta ortografía de Dalí. El brazo hacia la cabeza, paralelo a las orejas desiguales y con violencia trato de golpear el zumbido del zancudo y no puedo. Ya no. Un botón de la bolsa ha quedado enredado en mi pelo y es así que fracaso, que siento un tirón en el cuero cabelludo y que el Dacron amarillento queda sobre mi cara, finísimo, barato, translúcido y la silueta de mi mano detrás, entre la tela y el foco amarillento, y yo y el techo del cuarto, y el calor y la noche, y entre esta hora y esta fecha. Me sorprende la risa. El botón enredado en mi pelo. Me sigo riendo y recuerdo/ que hace unos minutos se me cayó un huevo de la mano. Huevo desparramado. El suelo de la cocina. Lo limpié con papel higiénico y me dije "claro que es fácil limpiar un huevo del suelo, no es tan diferente de limpiarse el semen del cuerpo; sólo hay que tener cuidado de que los excesos en el papel empapado no caigan de nuevo al suelo: hay que mover la muñeca de tal modo que lo que uno limpia no gotee porque qué fracaso estar limpiando y estar ensuciando; hay que procurar no derramar más hasta que el papel húmedo caiga en el basurero" y en el tiempo en que dije todo eso, dejé limpio el piso y luego me fui a mi cuarto (me vine), abrí el libro de turno. La perfecta ortografía de Dalí. El calor. Los zancudos/ y esas cosas/ que no se deben escribir para finalizar ningún texto.




Decirte hasta desdibujarte

Alegorías acerca del silencio
Blog de Ernesto Bautista

http://ebautis7a.blogspot.com/

(...)

Ojalá este espíritu que explota pueda despreciar tus pestañas alguna vez y armar nubes y lunas con tu boca, que no es humana, que es tu boca simplemente. Así como dices: "Dios es simplemente Dios...".-


Poesía: Oliverio Girondo - Nocturno - 1 al 3

Solitary Dog Sculptor
Publicado por Ricardo Marcenaro

http://byricardomarcenaroi.blogspot.com/

1

No soy yo quien escucha

ese trote llovido que atraviesa mis venas.

No soy yo quien se pasa la lengua entre los labios,

al sentir que la boca se me llena de arena.

No soy yo quien espera,

enredado en mis nervios,

que las horas me acerquen el alivio del sueño,

ni el que está con mis manos, de yeso enloquecido,

mirando, entre mis huesos, las áridas paredes.

No soy yo quien escribe estas palabras huérfanas.

2

Debajo de la almohada

una mano,

mi mano,

que se agranda,

se agranda

inexorablemente,

para emerger,

de pronto,

en la más alta noche,

abandonar la cama,

traspasar las paredes,

mezclarse con las sombras,

distenderse en las calles

y recubrir los techos de las casas sonámbulas.

A través de mis párpados

yo contemplo sus dedos,

apacibles,

tranquilos,

de ciclópeas falanges;

los millares de ríos

zigzagueantes,

resecos,

que recorren la palma desierta de esa mano,

desmesurada,

enorme,

adherida al insomnio,

a mi brazo,

a mi cuerpo

diminuto,

perdido

en medio de las sábanas;

sin explicarme cómo esa mano

es mi mano

ni saber por qué causa se empeña en disminuirme.

3

Me asomo a los ladridos.

¿Qué hace este árbol despierto?

Las sombras no se apartan,

se aprietan a sus cuerpos.

No me agrada esta calma,

este silencio muerto,

sin carne,

puro hueso.

A través de la veta, mineral, de una nube,

aparece la luna.

Ya me los sospechaba.

¿Qué hacer?

¿Qué hacer?

La miro.

Quiero ulular.

No puedo.