15 ene. 2006

Froylán Turcios

Digámoslo en voz muy alta: hemos profanado, sistemáticamente, los grandes términos simbólicos: Libertad, Derecho, Justicia, Patriotismo, Heroísmo. Al triunfar en cada inicua revuelta nos llamamos redentores, reivindicadores, héroes, patriotas esclarecidos, cuando, en verdad, no somos más que asesinos vulgares, que pateamos el cuerpo y el honor de nuestro hermano con la primitiva saña de las fieras de las cavernas. Nos lanzamos a la pelea precipitados únicamente por nuestra sed de sangre y de lucro, por nuestra hambre de mando y de venganza; por retener al conciudadano sujeto del pescuezo como a un perro feroz; por acaparar los fondos públicos; por saciar nuestro rencor con el enemigo indefenso. (...) Nos precipitamos ciegamente en la matanza amontonando terribles cargos contra los que llamamos déspotas, y al derribarlos hacemos cosas peores que las que ellos hicieron. Vociferamos como verdaderos energúmenos contra los que mataron la libertad de imprenta, la libertad de reunión, la libertad de elecciones; contra los nepotismos, contra los latrocinios, contra los violadores de las leyes; y ya en la Presidencia amordazamos desvergonzadamente la prensa libre, imponemos candidaturas, elevamos a los primeros cargos a nuestros familiares más íntimos y arremetemos iracundos contra todas las libertades, disponiendo a nuestro antojo de la hacienda pública. Esto lo han hecho, lo hacen y lo harán todos los jefes revolucionarios que han escalado y escalarán el poder, en un grado mayor o menor, con mayor o menor cinismo.

De El discurso de Patricio, capítulo X de la novela La cacería del hermano, publicado originalmente en la revista Ariel, en Junio de 1925.
Aquí tomado de Honduras Literaria.
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Carta de Sandino a Froylán Turcios
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El Chipotón, 10 de Junio de 1928.
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Grande estimado maestro y amigo:
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Con profunda sorpresa leí en Ariel del 1° de Mayo último, sus palabras editoriales, relativas al peligro en que se halla la integridad territorial de Honduras, en lo que respecta a la cuestión de límites con Guatemala. Tanto sus palabras, como las que reproduce del editorial de El Cronista de esa ciudad, hicieron que sintiera por un momento helada mi sangre. Pronto comprendí que personajes de la política imperialista yanqui, son los atizadores de esta hoguera centroamericana.
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En estos instantes me preocupan más las graves dificultades entre ustedes, los dirigentes de Centro América, o sea la Patria Grande, que la causa que yo mismo estoy defendiendo con mis pocos centenares de bravos; porque me convenzo que con nuestra firmeza de ánimo y el terror que hemos logrado sembrar en el corazón de los piratas, nuestro final será evidente, mientras tanto que ustedes están rodeados de patricidas que siempre andan al olfato de las causas grandes, para dejar en ellas la semilla de la traición.
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En nombre de Nicaragua, de Honduras, de Guatemala y en nombre de Dios, querido amigo mío, yo le suplico a usted y a todos los hombres de entendimiento y claro patriotismo de América Central, traten de evitar por todos los medios posibles, el acaloramiento de ánimos y la ruptura de nosotros mismos. Ustedes están en la obligación de hacer comprender al pueblo de América Latina, que entre nosotros no deben existir fronteras y que todos estamos en el deber preciso de preocuparnos por la suerte de cada uno de los pueblos de la América Hispana, porque todos estamos corriendo la misma suerte ante la política colonizadora y absorbente de los imperialistas yanquis. Las bestias rubias están colocadas en uno de los extremos de la América Latina y desde allí observan ávidas nuestros movimientos políticos y económicos: ellos conocen nuestra ligereza de carácter y procuran mantener latente entre uno y otro país nuestros graves problemas sin resolver. Por ejemplo, la cuestión de límites entre Guatemala y Honduras, entre Honduras y Nicaragua: el asunto canalero entre Nicaragua y Costa Rica, la cuestión del Golfo de Fonseca entre El Salvador, Honduras y Nicaragua; la cuestión de Tacna y Arica entre Perú y Chile. Y así por el estilo, hay un encadenamiento de importantes asuntos en resolución entre nosotros. Los yanquis nos tienen bien estudiados y se aprovechan de nuestro estado de cultura y de la ligereza de nuestros caracteres para hacemos peligrar siempre que a los intereses de ellos conviene.
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Tomando como se debe, por lema las frases anteriores, los yankees sólo pueden venir a nuestra América Latina como huéspedes; pero nunca como amos y señores, como pretenden hacerlo. No será extraño que a mí y a mi Ejército se nos encuentre en cualquier país de la América Latina donde el invasor asesino fije sus plantas en actitud de conquista.
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Sandino es indohispano y no tiene fronteras en la América Latina. Sin más que recomendarle por ahora, querido maestro, le envío mi corazón, con el cual le hablo en esta carta.
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Patria y libertad.
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Augusto C. Sandino
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Carta de Froylán Turcios a Sandino
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Tegucigalpa, 28 de diciembre de 1928.

Sr. Gral. A. C. Sandino.
Donde esté.
Mi querido amigo:
Ya tarde recibí ayer su carta del 18 del presente, y después de leer repetidas veces la parte que se refiere al punto grave que sintetiza la lucha libertaria, he quedado completamente convencido de que la Fatalidad se cierne sobre nuestra causa, y que sobre la nueva ideología conque Ud. me la presenta, camina a rápidas jornadas a su Seguro Fracaso.

Yo di a esta campaña magnífica, mis mejores fuerzas, y estaba resuelto a ofrendarle mi sangre. Por la guerra de independencia, que Ud. encabeza, no hay sacrificio que no hiciera. Pero veo que ya no estamos de acuerdo en la finalidad de la lucha, que ya no atiende a mis observaciones, de conservarse en el plano único de la soberanía, en su acción contra el pirata, y que pretende ahora buscar medios para cambiar un régimen político interior, empleando para ello la guerra civil "y por este camino no puedo seguirle".

Si Ud. persiste en el plan que hoy me ratifica, nos separaremos como dos hermanos que no pudieron entenderse.

En mi carta del 18 del actual, que debe estar en sus manos a estas horas, le expresé claramente mi opinión, con vista de la última suya.

Yo estoy y estaré con Ud. en cuerpo y alma, en el épico esfuerzo para arrojar al yankee, invasor y conquistador de Nicaragua, "pero nunca para efectuar luchas fratricidas, aunque éstas tuvieran por base las más justas razones".

Tenga Ud. la certeza -y no olvide mis palabras- de que el yankee no saldrá jamás de ese país, por resolución del Gobno. del imperialismo del Norte y de los gobiernos traidores de Nicaragua. Sólo puede salir a balazos, por la perseverancia sobrehumana de Sandino, y esta empresa de titanes fue la que Dios le encomendó. Y no otra. Planear proyectos de orden regional, con la base fantástica de la salida de los piratas, es construir castillos en el aire y empequeñecer su epopeya legendaria. Su nombre es bendecido y admirado en todos los ámbitos del mundo, porque sostiene una guerra semejante a la de Bolívar y Washington; porque siendo el brillante paladín de la libertad, es símbolo de la Raza...

Pero veo que me equivoqué lamentablemente al pensar que Ud. me atendería; que nada conseguiré con escribirle sobre esto, páginas y páginas. Ud. tiene tomada su resolución y mi voz será inútil. Su MAESTRO, como Ud. me llama, no tiene ya influencia alguna sobre su alma.

Le ruego, únicamente, que me envíe la forma en que daré a conocer a la América mi separación de Ud., pues yo no me perdonaría nunca, que en mi explicación hubiese una sola palabra que no le fuera grata.

Estaba resuelto a no salir del país, mientras le fuera a Ud. útil; pero comprendo que de nada le servirá mi presencia aquí, y que más bien soy un obstáculo para sus planes.

Un intenso saludo para la Legión Sagrada

Patria y Libertad

Froylán Turcios
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