15 sep. 2005

Roque Dalton

De su libro
Taberna y otros lugares
1a ed. Casa de las Américas, Cuba: 1969
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Día de la patria

Hoy fue el día de la patria: desperté a medio podrir, sobre el suelo húmedo e hiriente como la boca de un coyote muerto, entre los gases embriagadores de los himnos.

15 de septiembre.

De El país (III)
Poemas de la última cárcel.

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El primogénito

Un país cuyo deporte nacional sea una especie de náusea
deberíamos fundar, repleto
de vecinos sudoríferos y vomitivos.
Persistiría cierta palidez, no lo dudo,
la mejor luz para ostentar el viejo perfil
de la familia, ese horizonte de perros...

Payasos eucarísticos:
qué magnos sacrificios para ocultar la gruesa tripa!

Frente a estas mascadas banderas, el asesinato, las forzaduras,
cualquier cosa huele bien, menos la actual desidia.

Digan que mis manos son el retrato vivo de mis sienes,
habrán olvidado que soy el rey de las divagaciones:
“Todo mi cuerpo cabe en un espejo oscuro,
como es la espalda de la última botella de Ballantine,
pero antes de reventar deberé aumentar unas libras,
saludable consejo de la egolatría, ya que
al fin y al cabo nacimos
simuladores y carnívoros”.


De El pais (II).
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La verdadera cárcel

Oh mi país sus ojos descarriados
solo flores en homenaje de su muerte adivinan
año de la profundidad tempestad deshabitada
pero en espera de su gota de fecundación.

Bienvenida entonces enhorabuena la locura
voy a comprarle un caramelo para que me defienda
y así poder volar alguna vez al mundo
luego de este sumergimiento mortal.

Prefiero sabedlo la locura a la solemnidad:
hojeo mi alma mis guadañas mis vértigos
y no es en otros términos la respuesta florida.

Así confío en la potencia del abandono
o del alarido angustiado que permanecerá como prueba
de mi remota inocencia.

Menudo esfuerzo hice para tener fe tan sólo en el deseo
y en el amor de quienes no olvidaron
el amor y la risa.

De El país (III)
Poemas de la última cárcel.