15 sep. 2005

Horacio Castellanos Moya

De su novela
El Asco

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Yo no entiendo qué hacés vos aquí, Moya, ésa es una de las cosas que te quería preguntar, ésa es una de las curiosidades que más me inquietan, cómo alguien que no ha nacido aquí, cómo alguien que puede irse a vivir a otro país, a un lugar mínimamente decente, prefiere quedarse en esta asquerosidad, explicame, me dijo Vega. Vos naciste en Tegucigalpa, Moya, y te pasaste los diez años de la guerra en México, por eso no entiendo qué hacés aquí, cómo se te pudo ocurrir regresar a vivir, a radicarte en esta ciudad, qué te trajo una vez más a esta mugre. San Salvador es horrible, y la gente que la habita peor, es una raza podrida, la guerra trastornó todo, y si ya era espantosa antes de que yo me largara, si ya era insoportable hace dieciocho años, ahora es vomitiva, Moya, una ciudad realmente vomitiva, donde sólo pueden vivir personas realmente siniestras, o estúpidas, por eso no me explico qué hacés vos aquí, cómo podés estar entre gente tan repulsiva, entre gente cuyo máximo ideal es ser sargento, ¿los has visto caminar, Moya?, yo no lo podía creer cuando vine, me parecía la cosa más repulsiva, te lo juro, todos caminan como si fueran militares, se cortan el pelo como si fueran militares, piensan como si fueran militares, espantoso, Moya, todos quisieran ser militares, todos serían felices si fueran militares, a todos les encantaría ser militares para poder matar con toda impunidad, todos traen las ganas de matar en la mirada, en la manera de caminar, en la forma en que hablan, todos quisieran ser militares para poder matar, eso significa ser salvadoreño, Moya, querer parecer militar, me dijo Vega. Me da asco, Moya, no hay algo que me produzca más asco que los militares, por eso tengo quince días de sufrir asco, es lo único que me produce la gente de este país, Moya, asco, un terrible, horroroso y espantoso asco, todos quieren parecer militares, ser militar es lo máximo que se pueden imaginar, como para vomitarse. Por eso te digo que no entiendo qué hacés aquí, aunque Tegucigalpa ha de ser más horrible que San Salvador, aunque la gente en Tegucigalpa debe ser igualmente imbécil que la gente en San Salvador, al fin son dos ciudades que están demasiado cerca, dos ciudades donde los militares han dominado por décadas, dos ciudades infectadas, espantosas, repletas de tipos que quieren quedar bien con los militares, que quieren vivir como los militares, que ansían parecer militares, que buscan la menor oportunidad de arrastrarse ante los militares, me dijo Vega. Un verdadero asco, Moya, es lo único que siento, un tremendo asco, nunca he visto una raza tan rastrera, tan sobalevas, tan arrastrada con los militares, nunca he visto un pueblo tan energúmeno y criminal, con tal vocación de asesinato, un verdadero asco. Solamente quince días he necesitado para saber que estoy en el peor lugar en que podría estar: ahorita porque no hay nadie aquí en el bar, Moya, pero te puedo asegurar que después de las ocho de la noche, cuando comienzan a entrar todos esos energúmenos que vienen por el grupo de rock, te puedo asegurar que la mayoría entra con una mirada que te quiere dejar claro que son capaces de matarte a la menor provocación, que para ellos el hecho de matarte no tiene la menor importancia, que en realidad desearían que les dieras la oportunidad de demostrar que son capaces de matarte, me dijo Vega. Una belleza de raza, Moya, si lo pensás bien, si lo pensás con detenimiento, te darás cuenta que es una belleza de raza, lo único que le importa es la plata que tenés, a nadie le importa nada más, la decencia se mide por la cantidad de dinero que tenés, no hay ningún otro valor, no se trata de que la cantidad de plata que tengás esté por sobre todos los demás valores, no significa eso, Moya, significa que no hay otro valor, que no existe ninguna otra cosa que esté detrás de eso, simple y sencillamente ése es el único valor que existe. Por eso me da risa que vos estés aquí, Moya, no entiendo cómo se te ha podido ocurrir venir a este país, regresar a este país, quedarte en este país, es un verdadero absurdo si a vos lo que te interesa es escribir literatura, eso demuestra que en realidad a vos no te interesa escribir literatura, nadie a quien le interese la literatura puede optar por un país tan degenerado como éste, un país donde nadie lee literatura, un país donde los pocos que pueden leer jamás leerían un libro de literatura, hasta los jesuitas cerraron la carrera de literatura en su universidad, eso te da una idea, Moya, aquí a nadie le interesa la literatura, por eso los jesuitas cerraron esa carrera, porque no hay estudiantes de literatura, todos los jóvenes quieren estudiar administración de empresas, eso sí interesa, no la literatura, todo mundo quiere estudiar administración de empresas en este país, en realidad en pocos años no habrá más que administradores de empresas, un país cuyos habitantes serán todos administradores de empresas, ésa es la verdad, ésa es la horrible verdad, me dijo Vega. A nadie le interesa ni la literatura, ni la historia, ni nada que tenga que ver con el pensamiento o con las humanidades, por eso no existe la carrera de historia, ninguna universidad tiene la carrera de historia, un país increíble, Moya, nadie puede estudiar historia porque no hay carrera de historia, y no hay carrera de historia porque a nadie le interesa la historia, es la verdad, me dijo Vega. Y todavía hay despistados que llaman “nación” a este sitio, un sinsentido, una estupidez que daría risa si no fuera por lo grotesco: cómo pueden llamar “nación” a un sitio poblado por individuos a los que no les interesa tener historia ni saber nada de su historia, un sitio poblado por individuos cuyo único interés es imitar a los militares y ser administradores de empresas, me dijo Vega. Un tremendo asco, Moya, un asco tremendísimo es lo que me produce este país.