15 oct. 2005

Lydia Nogales

Poemas
La Niebla

Ángel en mí

Te estoy hablando bajo, muy bajito,
sin voz, como se le habla a los querubes.
Pero sé que me entiendes y que subes
del fondo de mi sangre hasta mi grito.

¿Grito? ¿Por qué? Si mi dolor contrito
te percibe sonriendo entre las nubes.
¡Si aquí estoy aguardando a que te incubes
en la sed de mi hondón, ángel proscrito!

Angel en mí, lejos de mí. Tan leve
Que ni a nombrarte la ilusión se atreve.
Y, sin embargo, la ilusión te nombra.

Angel en mí, lejos de mí…que existe
sin existir. Porque mi carne triste
bebió tu luz para alumbrar su sombra.


La dama gris

La Dama gris, la de las manos finas
y ojos color del tiempo, me acompaña…
En mi sed de ascensión, qué fiebre extraña,
qué cansancio de luz en mis retinas.

Aquí, soñando al pie de la montaña,
la Dama gris me envuelve en sus neblinas.
Ayer, un vuelo azul de golondrinas…
Hoy, un leve temblor de telaraña.

¿Y después?... Sólo sé que cuando el monte
se ensanche más allá del horizonte,
mi sueño inútil rodará en pedazos.

Y entonces muda, resignada, inerme,
igual que un niño triste que se duerme,
la Dama gris me tomará en su brazos…




Tomado de libro Versos del Ayer de Raúl Contreras, DPI: San Salvador, 1998. El siguiente fragmento fue tomado de la presentación escrita por Ricardo Lindo al mismo libro.

En 1947 el periódico La Tribuna publicó unos versos de una poetisa desconocida, una joven llamada Lydia Nogales. Según se dijo, padecía de tisis, y escribía sus versos melancólicos en el volcán de Santa Ana, en espera de la muerte.

Su aparición literaria y fantasmal dio origen a las más arduas controversias. Diversos escritores aplaudieron su llegada. El crítico Luis Gallegos Valdés dijo que se trataba de un infundio, una invención fabricada por sus presuntos padrinos, Hugo Lindo, Raúl Contreras y el guatemalteco Manuel José Arce y Valladares, a los cuales se sumó Alberto Guerra Trigueros. Se formaron bandos de nogalistas y antinogalistas. El debate entre quienes creían en su existencia o la negaban y entre quienes le concedían valor o no, llegó hasta la primera plana del periódico…

…Más nadie había visto a la autora de Niebla, ni el apellido Nogales perciera ser conocido de ninguno, en Santa Ana al menos. En Guatemala, adonde llegó su fama, se dijo que era nativa de Quezaltenango. Una excursión de poetas y soñadores recorrió el volcán de Santa Ana para dar con su paradero. La batida de caza fracasó.

Pocos fueron los mese de aparición de los poemas de Lydia. Una aislada y última entrega literaria fue publicada con motivo del fallecimiento de Alberto Guerra Trigueros.

Pero Lydia Nogales no existía. Finalmente se supo que su creador era Raul Contreras, quien paso a llamarla su “hija espiritual”…