15 oct. 2005

Alfonso Kijadurías

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Un mundo raro
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He creado un mundo imaginario. Lo peor es que no puedo salir de él. De haber sabido que iba a vivir en él, lo hubiera imaginado diferente. Pero es muy tarde ya, pues este mundo, sin yo quererlo, se ha materializado en otra parte. Un día, cuando quise volver al otro mundo, ya era muy tarde. Lo más absurdo es que quienes viven en él, no creen que son frutos de mi imaginación. Para convencerlos he comenzado a crear historias sobre el mundo que habité, antes de vivir, para siempre, en este, del que jamás lograré salir.
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El reencuentro
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Cuando yo me morí, también murió mi caballo, después de muertos nos volvimos a encontrar en Júpiter, jóvenes y felices.
Un día le pregunté si quería volver a la tierra.
-No, me respondió, porque allá volveríamos a ser lo que antes fuimos. Yo un viejo caballo lleno de garrapatas y vos el emperador, que el destierro volvió el más amargado de todos los hombres.
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El gran escape
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Por haber pintado a la princesa Pu Yi bañándose desnuda en el río amarillo, el emperador Ki me condenó a morir ahogado.
Un día, antes de cumplirse la condena, pedí, como gracia, pintar mi último cuadro: una ligera embarcación sobre las aguas del río amarillo.
Mañana, cuando venga a buscarme el carcelero, yo ya estaré muy lejos...
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Sueño
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Estábamos en la hacienda "La fuerza del destino", Jorge Luis, Tito y yo, cuando en eso apareció una mariposa, jamás antes vista por ojos humanos, tal era su monárquico esplendor. Detrás de ella venía Navokov, blandiendo una red, hecha a la medida de su fama de coleccionista de especies raras por no decir misteriosas.
Al cabo de unos minutos lo vimos volver lleno de ese asombro maligno de los niños traviesos, con la mariposa revoloteando en su red.
¡Por fin, gritó, he capturado a Chuang Tsu!