15 abr. 2006

Elisa Huezo Paredes

(1913-1985)

Del libro
Voces sin tiempo

Adónde

¿Adónde va el amor que se ha perdido
aire del aire en aire disipado?
¿De nube en nube en nube convertido,
eco de aroma en cáliz olvidado?

¿Dónde el temblor del astro inaugurado,
el surtidor del canto amanecido?
Gozo del pie andariego, encadenado:
¿Adónde el paso al viento recogido?

¡Quién amor fugitivo, quién supiera
en qué corola astral tu nido escondes
dejando el nido que mi cuerpo fuera!

¡Quién pudiera decir si no respondes,
cómo, pájaro-luz tu luz me hiciera
girante girasol de tus adondes…!


Canción del amor perdido

Amado de ayer y hoy,
Amado de nunca y siempre,
te vi llegar hacia mí
dentro de un sueño celeste
y tenían tus pupilas
un signo de vida y muerte,
frutos y llamas, tus manos,
lirios y estrellas, tu frente.
Y traías en la boca
el milagro que se enciende,
y tus palabras tenían
rumor de bosque y de fuente.
Amado de ayer y hoy,
amado de nunca y siempre
eras señor de mi ensueño
y vencedor de mi suerte.
Te veo desde un recodo
del camino que no vuelve
donde quedaron mis besos
besando tu boca ausente.
Y te vas por la distante
lejanía que se pierde,
el polvo de mis recuerdos
en su espesura te envuelve.
Alma y carne todavía
entre nieblas te presienten
y los ecos olvidados
a mis oídos se vuelven,
te alejas entre las sombras
del camino que se pierde
y cada paso que das
es un adiós más ausente.
En los linderos de sangre
el último adiós se quiebre,
ala rota, voz perdida
entre vida y entre muerte.