15 mar. 2006

Jorge DeBravo:

Poeta de un tiempo terrible y maravilloso
Rodrigo Pérez-Nieves

Soy hombre, he nacido,/tengo piel y esperanza./Yo exijo, por lo tanto,/que me dejen usarlas./No soy dios: soy un hombre/(como decir un alga)./Pero exijo calor en mis raíces,/almuerzo en mis entrañas./No pido eternidades/llenas de estrellas blancas./Pido ternura, cena,/silencio, pan y casa... /Soy hombre, es decir,/animal con palabras./Y exijo, por lo tanto,/que me dejen usarlas./

La primera generación de poetas que lucharon por su pueblo no inventaron una retórica muy diferente, e incluso, sin mucha conciencia del límite de desbarrancarse en una caída más o menos rápida hacia un verso antipoético, que llevaba al suicidio. Sólo se salvaron los que produjeron textos verídicos, comprensibles y bellos, así de fácil. Textos que por sí solos –algo debe escapar a las manos del poeta- reflejaran una época, un momento histórico, una manera de decir y pensar las cosas de la vida que se vivía entonces.

Por todo ello, al leer a DeBravo, no sólo en el poeta que desde la turbonada que nos enfrentó, se percató de que la luz sería lo que saldría adelante en medio de aquella oscuridad.

Nada sorpresivo resulta que a la honestidad artística, a la libertad de expresión, al latido nuevo que halla esta poesía, que transita de un siglo a otro (condiciones que se asemejan a las encontradas por mi generación) se sumen otras individualidades poéticas de hoy, que de una manera veraz, comprensible y bella, aborden la literatura y que lo hagan con ciertas semejanzas formales a las nuestras y logren el estremecimiento en los lectores, por el sentido de lo que expresan y por la contundencia del lenguaje.Va siendo suyo además, un espíritu independiente y distanciado, no angustiado, pero tal vez escéptico y contestatario ante los unos y los otros. Va tomando una posición individualista que sin remedio alguno lo sitúa no sólo en lugar de crítico, sino también en la soledad.

Pero escéptico, crítico y solo, no es conjunto caracterizador para un poeta que desentendiéndose de estos adjetivos, nos muestra otros lados menos oscuros en las “fotos” que nos brinda, en su nostalgia por la muerte (La muerte está desnuda), por el héroe asesinado, por la fraternidad entre los hombres, por el amor a su pueblo: “Yo no os amo dormidos:/ yo os amo combatiendo y trabajando/ haciendo hachas deicidas/ libertando.”

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Son las diez de la mañana, domingo, y estoy bebiendo una taza de café recordando a mi hijo que está en Costa Rica. La habitación donde tengo el ordenador reluce con la luz solar que se traga los vidrios de la ventana. Con cada sorbo de esta bebida oscura, un poco amarga, pero sabrosa y relajante, que me levanta los ánimos para seguir viviendo, llegan imágenes y voces de cuando estábamos con mi padre discutiendo poesía. Saudades. Nos sentábamos, sobre todo los fines de semana, ya libres de la escuela y del trabajo: mi padre, mi madre, mis tres hermanos, dos hermanas –una de ellas la más pequeña del grupo, quien soportaba nuestros juegos toscos de “guiros” en sociedad patriarcal- y yo. Aunque siempre no faltaba en la mesa de madera, con su mantel de flores amarillas y rojas, algún amigo, compañero, vecino o familiar que compartiera con nosotros esos momentos. Tazas de café con leche, panes calientes llenos de fríjol volteado, voces, risas, comentarios y el Palomo corriendo bajo la mesa, entre nuestros pies.

Recuerdo. Estoy leyendo el libro “Los despiertos” de Jorge DeBravo, libro que me acompañó en los años 70 en diferentes etapas de la vida en esos años álgidos de mi país. Libro que hizo despertar ese Fénix que muchos llevamos dentro. Que nada tiene que ver con el ave de la leyenda, sino que representa una mezcla de brontosauro y dinosaurio, que de pronto, gana alas y comienza a volar sobre los pueblos desiertos por la violencia, después de cometer la violencia, con las armas de la violencia.

Jorge Delio Bravo Brenes, poeta y profeta, mejor conocido por su seudónimo Jorge DeBravo, nació un 31 de enero de 1938, en la localidad de Guayabo del pueblecito de Santa Cruz. De familia campesina muy pobre, tuvo una vida difícil, de lucha recia por la supervivencia, la superación personal y el reconocimiento como vate. Su madre, quien fue su primera maestra, le enseñó a escribir sobre hojas de plátano. De joven fue un apasionado de la lectura y, después de sus labores jornaleras, leía a toda hora cuanto caía en sus manos, por lo que los vecinos no tardaron en apodarlo “loco”. Pero qué clase de loco fue, que su vida y su obra es considerada todo un ejemplo costarricense, al punto de declarársele en el año 2000 “Benemérito de las Letras Patrias” y su retrato se incorporará a la Sala de Beneméritos de la Asamblea Legislativa. Publicó sus primeros poemas en el periódico "El Turrialbeño".

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El corazón bombea y bombea. Sudo y sonrío al recordar la influencia del poeta en mi vida. ¿Cuándo la poesía deja de ser poesía? Cuando la poesía que involucra al hombre deja de buscar la Verdad y se convierte en mercancía del aplauso; cuando una “poesía” es bienvenida como paradigma de la masa, cuando se torna complaciente y cómplice de las miserias del hombre, en ese justo momento deja de ser poesía. Lo remarcó cuando escribió:

Tengo fe en el hombre. De siglo en siglo ha venido ascendiendo por una interminable rampa de progreso. Aparentemente algunas veces ha retrocedido. Sólo se ha detenido para afirmarse.
Creo que este tiempo que habitamos es mejor que todo tiempo pasado. Y que todo tiempo futuro será mejor que el presente.

Soy poeta de la esperanza, pero no soy ciego. No creo que la fraternidad y el amor nos sean dados de regalo. No creo que los antagonismos que nos desangran desaparezcan por artes milagrosos. La perfección es el resultado de la lucha. Hay esperanzas endebles, arraigadas por el sueño. La verdadera esperanza se sostiene y nutre en las realidades diarias. Porque la realidad es amarga, mis poemas a veces gotean angustias y sangres.
No creo que haya temas vedados para la poesía. Todos los temas son buenos para ella. Tampoco creo en la limitación geográfica del poeta. El hombre actual tiene una visión amplia como nunca, del mundo entero. Por eso los poetas podemos escribir hoy sobre la guerra, aunque las guerras estén quemando carnes lejanas. Cinco mil kilómetros no pueden empañar los ojos del poeta.
El poeta debe ser libre, si no como hombre, como poeta.
Si se le mata por libre, se le hace más grande. Contra el poeta no valen cárceles ni fusilamientos. Con pólvora y sangre la poesía sabe fabricarse alas, lo mismo con amor y esperanza.
Soy poeta de un tiempo terrible y maravilloso. La humanidad va desbocada hacia el futuro. Hay un camino que desemboca en la muerte y un camino que desemboca en la fraternidad. ¡Ay del poeta que empuje a los hombres hacia el camino de la muerte! ¡Y ay del que se siente en una piedra a cantar odas abstractas, mientras los hombres van hacia la muerte!
La poesía es un arma. Yo estoy dispuesto a usarla en la lucha por la justicia, la fraternidad y el amor. Si no la usara, más me valdría suicidarme. Mi conciencia tiene siempre los ojos muy abiertos. No podría soportar los ojos de mi conciencia acusándome siempre desde el fondo de mis huesos. Además mi conciencia resume la conciencia de la humanidad. Si alguna vez me equivocara, ¡perdonadme! Siempre he querido y querré decir la verdad. No creo en la poesía por la poesía, creo en la poesía por el hombre. Detesto la poesía sin mensaje y sin contenidos humanos. La leo y no me nutre. Es como si quisiera alimentarme con piedras pulverizadas. Amo la poesía que hace sentir viva y a mi lado la sangre de mis semejantes. Pienso que la poesía abstracta es una manera de soslayar responsabilidades. Se puede escribir poesía abstracta cuando no se tenga nada que decir o se tenga miedo de decir lo que se piensa. Creo que todo poeta tiene mucho que decir a sus hermanos. Si no lo dice es un cobarde. ¡No quiero que se me llame cobarde! El poeta debe volver a dignificarse. Durante mucho tiempo fue un fabricante de suspiros. Deseo que vuelva a ser guía y conductor de pueblos.
El mundo camina hacia una era de amor y de fraternidad. La miseria desaparecerá de la faz de la tierra. La igualdad de derechos y de oportunidades se impondrá a pesar de los que luchan por esclavizarlo. ¡Venid a la lucha, hermanos! ¡Que lo que ha de ser será más pronto si nuestros brazos empujan los molinos de la historia! La canción del poeta debe alumbrar el camino de los pueblos. Y, ¡ay de los que hagan canción de sombra, porque los pueblos lo arrojarán al despeñadero de los olvidados!
He tomado partido. En la lucha que se libre entre los detentadores del poder y de la riqueza y los desposeídos, yo he tomado partido con los desposeídos. Todos los hombres somos hermanos. Amo, por eso, a todos los hombres. Comprendo, sin embargo, que a algunos habrá de obligarlos a comportarse como hermanos. Porque hay hombres que todavía no son humanos. Debemos enseñarles a serlo. Y exigirles que lo sean. Siempre la poesía ha estado unida a las luchas sociales, religiosas, políticas y económicas; el cuento sobre la poesía no comprometida, lo inventaron y mantienen los interesados en que no se comprometa.
Porque un poeta no se comprometerá con los que detentan el poder y la riqueza. El poeta se compromete con los que lo necesitan, y eso no es conveniente para muchos pontífices de nuestra época.
Mi poesía no se sujeta a ninguna norma ideológica preconcebida. Nace simplemente, dice lo que se ha de decir y nunca calcula los intereses que resultarán favorecidos o golpeados.

Así escribió Jorge DeBravo para la posteridad.

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El análisis del espacio en la poesía de Guatemala de los años 40 hasta 90 muestra un intento similar al de los poetas de Costa Rica, porque todos abandonan un espacio figurativo, aunque quedan marcas retóricas, para dejar librar su experiencia de lo que les rodea: íntimamente y personalmente.

¡Hoy he encontrado a un hombre caminando!/ Sin apoyarse en nadie, caminando/ Sin que hubiese camino, caminando/ Como si no quisiese llegar tarde, caminando/ Su mirada tenía forma de corazón/ y adentro de sus ojos se veía/ un mundo/ caminando. / Aunque parezca absurdo e increíble/ hoy he encontrado a un hombre caminando. / Sin mirar la distancia, caminando/ Sin pedir compañero, caminando/ Sin apoyarse en nadie, caminando/ Sin que hubiese camino, caminando.

Caminar, se hace camino… al igual que Machado. Esa fue la vida del poeta. Caminar, caminar… y caminar, aún sabiendo que la vida es dura, que la Verdad no está dada sin más, puesto que exige esfuerzo. La poesía puede dar esperanza y consuelo, respuesta y vías, mas no justificaciones. Lo sabía DeBravo, quién representa la contribución más importante de la Patria Grande (Centro América), por su implicación en la realidad, su anhelo de comunicar y su denuncia. Debravo ocupa no sólo en la Historia de la Literatura costarricense si no en toda la poesía centroamericana una situación privilegiada, pese al desconocimiento que de su obra existe en otros países, debido a ciertas apreciaciones extraliterarias, entre otros motivos. Beber de su poesía, nutrirse de ella, resulta fundamental si queremos comprender la esencia del acto poético amoroso, no a la mujer amada sino a ese pueblo golpeado por la indiferencia.

Él mismo se percató de que “a nueva razón –y fue nueva aquella que de pronto irrumpió en su vida adolescente- debía oponer una nueva poesía” y advierte a sus lectores que:

Dadme esa milenaria rebeldía/ con que mordéis el látigo/ como vosotros quiero/ ser un dulce potranco. / Empapado de nubes galopar/ por la carne madura de los campos/ lavado y puro, con la lluvia a cuestas/ como leche de astros. / Sentir que el corazón/ -ancho, vivo y elástico-/ es un lomo mojado de potranco. / Lamer la luna que se acuesta siempre/ en las hojas desnudas de los pastos/ y sentirse naciendo/ de un innumero parto. / Y que el agua resuene en mi garganta/ - así les suena el agua a los potrancos-/ como un chorro de lunas/ de guijarros y astros.

Su poesía es de excepción si consideramos la cantidad de los espacios que representan una inseguridad designada por el miedo, la tristeza y el ser desesperado. Las manifestaciones que la acompañan son los gritos, las quejas y la ira. Este espacio inseguro es provocado por acciones humanas derivadas de la injusticia, de la guerra, de la denuncia absurda, de la miseria y del hambre acompasadas por una intensidad del horror. Los que sobrevivimos a ese horror sabemos que ese espacio también representa el lugar de la errancia y de la búsqueda de algo que tiene que superar el espacio al que se rehúsa, por la desigualdad que engendra. El espacio también se presenta ambivalente, puesto que su doble cara muestra tanto la vida como la muerte; el espacio tiene un potencial dialéctico al evocar los polos inversos y muestra una lucha entre ambos.

Con intensidad, cada espacio hueco evoca un lugar que esconde algo que temer, algo que amenaza no sólo al poeta sino que invade todos los sentidos, sin que sea razonable, esto es probada o argumentada. También los ángulos son lugares donde se anidan el temor y la miseria. Todo lo que pueda albergar una sombra de día, es sinónimo de espacios de azor y de miseria y son favorables a una resonancia específica del sonido. Los huecos y intersticios de sombra son los espacios íntimos de la pena y del terror, mientras que la ciudad, o los espacios exteriores, evocan un bullicio, un rumor universal, una como coalición unida en contra de un ser. Es el espacio donde no se controla la violencia, y se hace pública. El olor se inmiscuye en los espacios para complementar el azor anidado en las ciudades.

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DeBravo murió trágicamente en accidente motorizado el 4 de agosto de 1967, a la edad de 29 años, y es en la literatura costarricense un vivo “Milagro Abierto”, como el título de uno de sus libros, el escrito en 1959. Su apasionada vida, su prolífica obra y su posición humana, combativa y generosa, fundieron para las letras y la historia de Centro América y el mundo, una imagen entrañable de poeta singular y de ser humano excepcional.