12 jul. 2009

Diálogo de Bípedos: Ramiro Lacayo

Ramiro Lacayo:

“Quise contar un día en diferentes años”

La novela “Así en la tierra” del escritor nicaragüense Ramiro Lacayo Deshón (Managua, 1952), fue seleccionada como una de las diez obras finalistas entre un total de 295 trabajos presentados al XXIX Premio de Novela Ateneo de Sevilla. Durante los años 80’s Ramiro Lacayo fue cofundador y director del Instituto Nicaragüense de Cine (INCINE), y de la Fundación del Nuevo Cine Latino Americano; y director y guionista de películas de ficción y documentales que obtuvieron reconocimientos y premios internacionales. Ha publicado un libro de cuentos que lleva por título “Nadie de Importancia” (1984). Aquí la entrevista realizada por el periodista Edgar Solórzano.

Polo Su, como de costumbre, aparcó el carro frente a mi casa, apretó el censor del vidrio delantero, alargó su brazo y depositó el libro “Así en la tierra”, de Ramiro Lacayo, con la advertencia que lo devolviera. Así nació esta entrevista, por pura casualidad. Ernesto Cardenal no se equivoca cuando afirma que “uno quisiera que no acabara, uno quisiera seguir leyendo”. “Así en la Tierra”, editada por Uruk Editores, fue presentada en Costa Rica, ahora en Nicaragua, y espera un periplo por diferentes países de Centroamérica.

Ramiro está en su taller de pintura en Santo Domingo de Las Sierritas. Intercambiamos unas palabras de saludo y nos disponemos a conversar sobre su libro…

Edgar Solórzano:¿Cómo “Así en la Tierra” llegó a manos de Uruk Editores?

Ramiro Lacayo: Es muy difícil encontrar editores y yo estaba buscando un editor que me sacara de las fronteras de Nicaragua, porque no quería una edición tradicional de esas que se quedan limitadas a los rincones de la literatura nicaragüense. Y esta colección que me recomendó Sergio (Ramírez) --después de haber buscado por muchos lados--, es una colección centroamericana que me pareció interesante como alternativa, ya que es difícil entrar a editoras como Alfaguara, Tusquet… Hasta en ese momento Sergio mandó la novela al editor y le gustó muchísimo.

ES: ¿Cómo nace esta novela?, porque por los tiempos que se conjugan tengo la impresión de que ha estado congelada desde hace buen rato en tu memoria…

RL: La novela nace realmente con un primer cuento, que es el de la guerra, pero que no es como aparece en el libro… y lo comencé a escribir por lo menos hace diez años. Comencé poco a poco porque me hacían falta antecedentes del personaje (Claudio), después me salté en alguna forma y escribí otro trazo en 2004, cuando el personaje ya estaba desilusionado, más escéptico de todo lo que estaba pasando, y me di cuenta de que hacía falta la parte de en medio durante el gobierno sandinista. Fue una elaboración lenta, que fue madurando poco a poco, se fue creando a si misma.

ES: ¿Hasta qué punto el personaje central, Claudio, refleja a su creador, a Ramiro Lacayo?

RL: Algunas personas creen que es una novela bastante biográfica. Sin embargo, es biográfica en el sentido que Claudio es un personaje que ha ido paralelo a mí en muchas situaciones, aunque es un personaje diferente interiormente a mí.

Claudio es un reflejo de nuestra generación, sobre todo, de los que nos quedamos aquí y estuvimos ilusionados en la revolución. Refleja a esta generación que unos denominan perdida, frustrada. Es la generación de la revolución. En ese sentido, Claudio se identifica conmigo, con vos y con todos los que vivimos esa etapa, o bien, todos nos identificamos con él.

ES: ¿Esta novela plantea una lectura política o sencillamente es la vivencia de Claudio, de cómo ha ido caminando en el tiempo?

RL: La novela no es una novela política, ni mucho menos una novela militante. Ni siquiera se mete en el momento que estamos pasando ahorita. Es más bien una novela que refleja las crisis existenciales de un personaje, las dudas, las ilusiones y desilusiones de la vida humana. Es una vivencia existencial, pero no política.

ES: Dice Sergio Ramírez que esta novela fue escrita con el triple ojo del autor --el pintor, el cineasta, el poeta--. ¿Cómo conjugaste esas tres especialidades para plasmar ese flash back en un escenario, un espacio que no es típico de la narrativa nicaragüense?

RL: Bueno, Sergio me ha conocido todas esas etapas, porque tuvimos una relación muy cercana desde cuando trabajé en INCINE. Creo que lo más fácil es identificar la influencia cinematográfica que tiene la novela. Es bastante evidente: escenas cortas, rápidas, ágiles, uso de diálogos casi cinematográficos que parecen naturales, pero no lo son, son diálogos cortos. Es la combinación del cine con la literatura.

ES: Me llama la atención que el personaje principal, Claudio, se encuentra en una Managua metida en la fanfarria diurna y nocturna, y surge en “una ciudad que nadie quiere abandonar”, pero de repente se despierta en una guerra en 1979 y vuelve a despertarse sin saber “dónde putas estaba” en 2004. El hilo conductor del tiempo comienza a las cinco de la mañana de 1979 y termina a las cinco de la mañana de 2004. ¿Por qué este manejo del tiempo?

RL: Yo lo que quería contar era un día en la vida de una persona en diferentes años. Algo así como el Ulises de James Joyce, con sus marcadas diferencias. Quería contar un día, cualquier día en diferentes años, cómo va variando la mente del ser humano. La idea es reflejar cómo el crecimiento del ser humano nos va haciendo enfocar las cosas cotidianas de una forma diferente cada vez. En este caso, en Nicaragua, cada vez más desilusionado, o como dice el personaje Claudio: “aceptando una realidad que no pudimos cambiar”; y pareciera que no podemos cambiar.

ES: Me llama la atención el tratamiento de los personajes femeninos. El personaje Ligia es una idea pasajera, lo que se olvida fácilmente; Alicia es una especie de ideal, el romanticismo. Mientras Marisol es la esperanza vivida, lo que no se desvanece, en lo que siempre creyó el bohemio idealista, el guerrillero, el funcionario, el hombre que pierde sus remordimientos.

RL: Es bastante acertada esa afirmación. Ligia es una aventura pasajera, espontánea, rápida, pasional. Pero él, Claudio, sigue enamorado de su mujer, a la que no conocemos y sólo aparece en la novela como una simple referencia. Alicia, que es una prostituta, es más que un amor. Significa un momento romántico, un momento de ilusión. Él (Claudio) cree que encuentra en Alicia una persona que lo va a salvar, que encontrará un mundo nuevo. Pero ella es más realista y más consecuente con su realidad, con sus necesidades. Marisol representa una cierta resignación, mantener la relación que tal vez para él no es la relación ideal porque está rodeada de una serie de elementos que no le gustan. Pero hay un lazo sentimental que sobrevive de repente.

ES: ¿Cómo se siente Ramiro veinticinco años después de haber publicado “nadie de importancia”, con un nuevo libro debajo del brazo?

RL: Bueno, he sentido que este libro ha gustado, se han identificado. He sentido que ha sido bien acogido y que tiene una buena aceptación.

Publicado en El Nuevo Diario de Managua y reproducido aquí en versión editada con la gentil autorización del autor.