12 jul. 2009

Bloga: Saramago, Otero, Ruiz, Rauda

Funes & Funes

El Cuaderno
Blog de José Saramago

Hace años, bastantes ya, en un viaje que de Canadá nos llevó a Cuba, hicimos parada en Costa Rica y El Salvador. De esta última visita quiero hablar hoy. Como siempre sucede cuando voy viajando por ahí, dí algunas entrevistas, la más importante de ellas a Mauricio Funes, ahora presidente electo de El Salvador. No lo conocía de antes. Tuve la grata sorpresa de encontrar, no a un periodista más o menos al servicio del poder, encargado de convencer al recién llegado escritor de las virtudes de un régimen basado en la más feroz represión, responsable directo, desde el gobierno a las fuerzas militares, de los abusos, arbitrariedades y crímenes cometidos por el Estado y por las poderosas familias de terratenientes, señores absolutos de la economía del país, sino a un interlocutor culto e informado de todo cuanto atañía, no sólo al largo martirio sufrido por el pueblo, sino también sobre la problemática posibilidad de un cambio que todavía no parecía vislumbrarse en el horizonte social y político en la sociedad salvadoreña. No volvimos a vernos, aunque Pilar ha mantenido, desde entonces, y en momentos personales y políticos muy duros para ellos, una correspondencia frecuente con Vanda Pignato, la esposa de Mauricio, que, a partir de ahora, seguramente se intensificará.

El otro Funes que aparece en el título es el de Borges, aquel hombre dotado de una memoria que lo absorbía todo, todo lo registraba, hechos, imágenes, lecturas, sensaciones, la luz de un amanecer, una onda de agua en la superficie de un lago. No le pido tanto al presidente electo de El Salvador, salvo que no olvide ninguna de las palabras que pronunció la noche de su triunfo ante los miles de hombres y mujeres que habían visto nacer finalmente la esperanza. No los desilusione, señor presidente, la historia política de América del Sur transpira decepciones y frustraciones, de pueblos enteros cansados de mentiras y engaños, es hora, es urgente cambiar todo esto. Para Daniel Ortega, ya basta con uno.


¿Cubrebocas?

Palabra de cíclope
Blog de Gabriel Otero



Día 1

En la mañana del viernes 24 de abril la vida cambió para los habitantes de la llamada “Ciudad más grande del mundo”, nos privó el desconcierto cuando tuvimos que adoptar un elemento mas para uso cotidiano como los lentes, el celular, el ipod, la mochila o el libro: el famoso tapa o cubrebocas o mascarilla.

No es que sea una moda importada, no, de imprevisto nos vimos forzados a resguardar boca y nariz para no contraer la influenza porcina. Bueno, hasta entonces los estultos creíamos en esa idea falaz, cuando es todo lo contrario, el cubre bocas se utiliza para no esparcir virus al hablar, respirar o estornudar.

De entrada la sensación de incomodidad, inhalar y exhalar empañaba las gafas oscuras, instrumento de primerísima necesidad para los que vamos despertando a las diez de la mañana, luego, la resequedad de los labios, el vapor formando gotas en la punta de la nariz, el aire caliente circulando en las fosas nasales, un suplicio al fin necesario: los ojos o la vida.

Al llegar al metro la confusión ¿cómo tomar el café americano o expreso usando el dichoso cubrebocas?, una alteración grave de la rutina, ni modo de quitárselo y menos acá, el asunto equivale a arrojarse del risco con un paraguas, lástima, la emergencia lo amerita, mejor dormir oyendo música.

Después la sorpresa, menos de la tercera parte de los que viajamos en el vagón usa cubrebocas, pobres, pensamos, ni siquiera se enteraron del virus, no saben que el calor cultiva lo inimaginable, el ambiente no era para sentirse en un quirófano pero al menos el intento se hace.

Entonces experimentamos lo que un can con bozal, los movimientos faciales se reducen dramáticamente, intentamos hablar pero nuestra voz se escucha tenue, no nos oyen, decimos permiso y no se quitan, nos tenemos que bajar.

Mario Benedetti (1920-2009)

El surco del tiempo
Blog de Tomás Ruiz





El domingo 17 de mayo se nos ha muerto el poeta uruguayo Mario Benedetti (1920-2009), últimamente no ganamos para disgustos y la etiqueta de necrológicas va creciendo sin pausa. La poesía de Mario Benedetti consiguió entrar en la educación sentimental de muchos lectores, y supo hablarle a la gente del amor, del miedo, de la melancolía, de la soledad, sentimientos que, por fortuna, no son patrimonio de los poetas, sino de los seres humanos en general. Os queremos hacer llegar un par de poemas suyos para quitarnos este regusto amargo en la boca. Como dice Benedetti en uno de sus últimos poemas:


La vida es una máquina / para la que no hay respuestas / ni repuestos.



Hace tiempo

Selecciones accidentales
Blog de Karla Rauda


Hace tiempo que quería sentarme a escribir y no sobre lo que TENGO que escribir, sino escribir todo eso que QUIERO escribir y que los catálogos, proyectos, cartas, llamadas telefónicas, dolor de espalda y todo aquello que distrae mi atención no me deja.


Escribir por ejemplo que me alegra mucho verte. Que tengo meses de no leer un buen libro, que he tenido mi primer gran enojo con Rolando por cuestiones que ni siquiera depende de ambos y que al final me di cuenta que no es que me haya enojado con el, sino que mi furia se desato contra las circunstancias y la falta de recursos para seguir trabajando.


Escribir por ejemplo que Sebastián se ha enamorado de la canción que aparece en un anuncio de telefonía celular y anda tarareando a modo nasal esa famosa canción de viajes, amigos y llegada a casa, porque no hay nada como el hogar.


Escribir que siento ansiedad y dolor cada vez que me levanto de la cama. Que poner mis pies sobre el piso frío y sentir recorrer este helado paso por mis piernas ha sido lo mas hermoso que he sentido últimamente, luego que por un momento pensé que no sentiría nunca mas nada.


Escribir que canto "quedito" para no terminar de enloquecer mientras leo cada vez un nuevo correo que me dice que no hay textos, que faltan fotos o que tengo que enviar créditos fiscales que no puedo enviar.


Escribir los tres o cuatro mails que tengo que enviar, no como
escribir que deseo, quisiera... me alegraría que todo dependiera de mi para dar respuestas oportunas y reales a necesidades de algunos que andan por ahí... pero no es cierto, no todo depende de mi y por mas que deseo, por mas que quiero... no puedo meterle mas prisa al tiempo.


Escribir que me encantaría caminar mucho, lejos de la ciudad, adentrarme en un bosque e iniciar el ascenso a una montaña, acampar y pasar un tiempo ahí, donde el ruido (fuera y dentro de mí) no exista y no me deje totalmente cansada. Y al regresar de ese tiempo de silencio absoluto... acercarme a ti, ponerte un beso sobre los labios y seguir mi camino como si nada.