21 sep. 2009

Bloga: Saramago, Diego Z, Chávez, Valdivieso

Guatemala

El Cuaderno de Saramago
Blog de José Saramago

http://cuaderno.josesaramago.org/2009/08/13/guatemala/

Cada día va quedando más claro en todo el mundo que el problema de la justicia no es de la justicia, sino de los jueces. La justicia está en las leyes, en los códigos, luego debería ser fácil aplicarla. Bastaría saber leer, entender lo que está escrito, escuchar de manera imparcial las alegaciones del acusador y del acusado, las testimonios, si los hubiere, y finalmente, en conciencia, juzgar. La corrupción tiene mil caras y la peor de todas, en este asunto, tal vez sea, a favor o en contra, la naturaleza de la relación entre quien juzga y quien es juzgado. Um caso típico de perversión juzgadora ha sucedido muy recientemente en Guatemala donde el editor Raúl Figueroa Sarti de la casa F&G Editores ha sido condenado a un año de prisión conmutable a razón de 25 quetzales diarios y al pago de una multa de cincuenta mil quetzales, más las costas del proceso. ¿Cual fue el crimen de Raúl Figueroa? Haber publicado, a solicitud y con el conocimiento del autor, Mardo Arturo Escobar, una fotografía que fue insertada en un libro editado por F&G. De ese libro le fueron entregadas al ahora acusador algunos ejemplares. A los jueces no les importó nada que el propio Mardo Escobar hubiese reconocido que le había entregado voluntariamente una fotografía a Raúl Figueroa, al que le dio autorización verbal para usarla en una publicación. Sí les importó que el acusador fuese su colega: Mardo Arturo Escobar trabaja en el Cuarto Juicio de Sentencia Penal, siendo, por tanto, compañero de actividades de jueces, oficiales y magistrados…

Pero este caso no es un simple episodio de baja corrupción. El acoso del que, desde hace dos años, ha sido objeto F&G Editores, se encuadra en la situación represiva que se está viviendo en Guatemala, donde el poder oficial está persiguiendo e intentando acallar las voces discordantes, ésas que, sin desánimo, siguen denunciando las violaciones de los Derechos Humanos en el país. Por lo visto, tenía razón aquel ya viejo juego de palabras entre Guatemala y Guatepeor. De los ciudadanos guatemaltecos se espera que el inocente juego no se transforme en triste realidad.





La risa inconclusa

Es mamífero y se peina
Blog de Diego Z


http://considerandoenfrioimparcialmente.blogspot.com/

¿Dónde hacen los tatuajes?, preguntamos. Arriba, me dijo la señorita, alegre - creo que era una peluquera.-

Subimos. Nos hacen esperar, están ocupados, hablando de temas importantes. Un tipo delgado, rubio, se dirige a el que a todas luces es el dueño del negocio, el tatuador. -Te tengo un negocio, uno bueno. Tengo viagra hermano, la quiero vender. La conseguí a dos mil y se vende a seis mil en todos lados. - ¿Dónde la conseguiste? - No sé, me la dio un parcero, no sé de donde la sacó. - ¿Cuánto tenés? - Mil cajas de viagra hermano. (Nosotros nos miramos atónitos, con los ojos brillando, divertidos ) - Hermano, ¿cuántos años tiene? -Veinte. - ¿Y necesita viagra? - No parece, pero es que usted no la ha probado…no es que se te pare más, bueno la verdad sí, un poco mas, pero lo chévere es la resistencia. Mete saca, mete saca. Por horas, bróder. -Bueno, ya vamos a hablar.

Parece que ya tiene tiempo para nosotros. No nos saluda, se conforma con dirigirnos la mirada. Así que tomamos la iniciativa. -¿Qué tal hermano? (Ahora podemos enfocarnos en el tatuador, en su pinta. No pudo habernos recibido un personaje más dudoso, cómico e impresentable. Pelo corto, pero largo en los bordes, el típico mullet de white trash. Con tatuajes de mal gusto evidente, mascando chicle) ¿Qué más? Todo bien, hermano. Queríamos ver si nos tatuábamos. ¿Qué te quieres hacer? preguntó a quemarropa. Este dibujo de Saint Exupery. Ahh sí lo conozco, todo el mundo se lo tatúa. No, -me apresuré a aclarar- yo no quiero al principito, yo quiero la boa. El tipo rápidamente demostró que no era un charlatán cualquiera, pertenecía a una estirpe distinta, la de los que verdaderamente joden. -Sí, el principito, el princhipato, el principuto, claro que lo conozco, todo el mundo se lo tatúa. Nos tomó de sorpresa, nos tuvimos que reír, abiertamente. Uno se puede reír de cualquier cosa. A estos tipos es mejor darles cuerda. Le preguntamos: ¿Qué tipo de gente se lo tatúa? -Bueno, los que no tuvieron infancia, los que empezaron a leer cuando ya estaban viejos, no sé, obviamente los maricas, los gays, no sé... toda esa gente. Nuevamente nos obligó a reírnos. Un poco de él, un poco de lo que decía - un poco bastante de nosotros mismos, esa es la risa inconclusa-. Si mi madre hubiera querido desanimarme, no hubiera encontrado palabras mejores, comentarios más hirientes. Ahora él continuó a la carga:- bueno, dime, ¿qué significa? Le respondo: -Que lo esencial es invisible a los ojos... el elefante al principio parece..., -repentinamente caigo en cuenta que si el objetivo es afirmar mi individualidad, sin duda es un mal comienzo el tener que justificarse con este decadente- ... ¿sabes?, realmente no importa.

Mejor sigámonos riendo, culpablemente. (El señor de los tatuajes es lamentable, nosotros somos lamentables, el mundo es un lugar lamentable. No me extrañaría para nada que la tierra se abriera y nos tragara a todos en una carcajada enorme. Quien ríe al último ríe mejor. Sería cómico, una digna escena del fin del mundo) Pregunto: ¿Y el tribal de sepultura que se quiere hacer mi amigo? ¿Se lo ha hecho alguien? Es una pregunta obviamente malintencionada, a mí mismo me sorprende esa maldad raquítica, quizás simplemente otra definición del sentido del humor.- Uhh demasiados, todo el tiempo. Skinheads, en los glúteos. Heroinómanos. ¡Mariaguanerísimos! ( Sí, nos tuvimos que reír otra vez). Rastafaris adolescentes. De todo tipo. Y todos se lo quieren quitar después, no saben qué inventar con tal de ponerse algo encima.

Nada más que decir.

-Bueno, gracias men. En todo caso te traemos los modelos otro día.

El tipo es innegablemente un tarado, dejó escapar dos clientes. Nosotros dejamos escapar dos tatuajes, dos manchas visibles, permanentes e indelebles. ¿Qué importa? Lo esencial es invisible a los ojos. Igual, a simple vista ya estamos tatuados, un poco con bondad, un poco con malicia, también con un poco de estupidez.

Y por lo visto, tal como van las cosas, quien se ríe más hoy, también se terminará riendo más al final.




Ocho días así

Horny Journey
Blog de Carlos Chávez

http://horneyjourney.blogspot.com/

He recibido un regalo subliminal de mi papá: una cama matrimonial. Mi ex me regaló un cachorro y un beso, solo acepté lo último. He rebajado 4 libras. No he desayunado. Le he hecho muecas a un mimo para explicarle que yo tampoco tenía dinero y que le debo al Citi Bank. Me despierto a las dos de la madrugada con el sonido de un mensaje de texto jamás enviado. He dormido varias noches en una cama que no es la mía, la matrimonial. En lugar del mar he ido a un bar. Un exorcista español me dijo que era muy duro y que sufría por eso. Pagué por nadar en una piscina pública. Me he emborrachado con cuatro tragos. He vuelto a fumar. Me he comido 3 pupusas de una sentada. He mandado a enmarcar la firma de Claudia Lars. Me he desvelado escribiendo para La Prensa. Mi carro se ha vuelto tren, de aseo. He manejado en círculos y triángulos.

Corté con quien estaba saliendo. Me corté el pelo. Quise andar en bicicleta pero la llanta de adelante se safó. Me han presentado a alguien nuevo, no me gusta. Me comí un pan con pavo. Me ha costado decidir qué calzón ponerme. Me he puesto a llorar de solo leer el título de la nueva película de Cameron Díaz. Me he acostado a las 4 de la madrugada viendo You Tube y tratando de bailar como Natalie Imbruglia. He averiguado sobre compatibilidad astrológica y cartas astrales. He leído dos revistas y 9 periódicos. He ido a un anti-recital y no he entendido nada. Discutí con una alemana neonazi, por el messenger. Un amigo me ha invitado a Citalá, pero me he negado. Una compañera me ofreció un frozen capuccino, pero tampoco he querido. He sentido calor y dolor de cabeza. Me he sentido cansado...





Bonjour tristesse

El pájaro rojo
Blog de Javier Valdivieso

http://elpajarojo.blogspot.com/

De habernos conocido, ella y yo, nos hubiéramos arrastrado con nada más que la mirada a la parte más oscura de un salón. Aunque el tiempo nos haya jugado una mala pasada, Francoise Sagan y yo nos logramos encontrar en su primera novela. Bonjour tristesse (1954) es un relato exquisitamente corto en donde el lector es guiado, a través de las circunstancias, por la voz de su protagonista.

Como ya ha pasado antes, la voz de este personaje es la voz de una mujer joven. Una que se atropella con sus mismas palabras, se nutre de su misma oscuridad. Se mueve únicamente bajo sus propias reglas y sus propias reglas se rompen bajo el espíritu salvaje que sólo sabe dar la juventud.

Para dejar de lado mi natural atracción hacia el caos y el exceso, debo señalar que el retrato que muestra un espíritu como este es uno que funciona para recordarnos la violencia que puede llegar a habitar dentro de nuestros corazones y lo exquisito que puede llegar a ser dejar de lado los convencionalismos y entregarse al placer más abrasador. Después de disfrutar de las palabras de Sagan, lo importante es reconocer que dentro de nosotros también reside una muchacha de diecisiete años; capaz de mantener un estilo de vida poco noble y de rechazar la oportunidad de modificarlo aún a pesar de que aparezca con el rostro más sobrio y elegante que pudiésemos buscar. Aún a pesar de que ese rostro se parezca a la felicidad.

Francoise y yo lo reconocimos. Lo sabemos por que, cada quién durante su momento, insistió en mantenerse al lado del voraz espíritu de la juventud. Los dos confirmamos que la razón estaba de nuestro lado cuando nuestras miradas sedujeron a los hombres y a las mujeres de la manera más encantadora posible. Los dos entendimos adónde nos llevaba esto cuando despertamos una que otra mañana con la boca seca, las manos tristes y con un montón de recuerdos construidos con bebidas volátiles y besos efímeros. Los dos dejamos de luchar contra ello cuando nos dimos cuenta que tarde o temprano terminaríamos haciendo lo mismo.