21 sep. 2009

Lo que el viento se llevó: Karen Poe Lang

La voz de la imaginación
Karen Poe Lang / CRI

“La piel cansada”: nueva producción en cortometraje de Jurgen Ureña estrenada en Costa Rica y proyectada recientemente en Cannes.

La piel cansada es el más reciente cortometraje de Jurgen Ureña. Se inscribe en una de las tendencias actuales del cine y del audiovisual latinoamericano, que consiste en narrar una historia a partir del punto de vista de uno o varios niños que viven en la extrema pobreza. En este sentido, concretamente sobre la región centroamericana, cabe mencionar el largometraje Voces inocentes (2004), dirigido por el mexicano Luis Mandoki, que cuenta la historia de varios niños durante los años de la guerra en El Salvador, y la película de Ishtar Yasin, El camino (2008), centrada en las peripecias del viaje que emprenden dos hermanos en busca de su madre, entre Nicaragua y Costa Rica.

La primera escena de La piel cansada representa el despertar de un niño de siete años. Luego de ponerse unos lentes enormes, él descubre unos personajes extraños, que han invadido el lugar donde habita.

Mutismo. El niño es un testigo mudo de los acontecimientos. Ese mutismo es la característica de todos los personajes marginados que aparecen en el cortometraje y que son incansablemente atosigados por el monólogo de una funcionaria.

El cortometraje está construido a partir de dos formas de repetición. La primera es el trabajo agotador del niño, que acarrea agua de una manguera ubicada en un pequeño patio hasta su modesta vivienda. Las acciones del pequeño Sísifo son puestas en contrapunto con las noticias de la radio que hablan sobre el tema del agua y evidencian cómo el gobierno la ha convertido en una mercancía. La piel cansada es una obra política en sentido amplio, sin ser panfletaria.

La otra forma de repetición aparece representada por la funcionaria que no deja de hablar, en un monólogo que nadie responde. No es casual que el cortometraje comience con su voz y finalice, luego de una larga exposición, con una pregunta a un interlocutor invisible, que no responde. La piel cansada termina precisamente con el silencio de los marginados.

Espacio, luz y metáforas. Es importante resaltar que el lenguaje visual del cortometraje se contrapone de manera indirecta al monólogo de la funcionaria, para desauto-rizarlo.

La hermosa fotografía de Gustavo Brenes crea una atmósfera apocalíptica que contrasta con el uso de colores fuertes, que quiebran la monotonía del paisaje y de la bruma.

En el corto, el tratamiento de la luz es muy importante; por ejemplo, la luz crea un efecto casi sobrenatural en una escena de comunicación sin palabras, en la que el padre, acostado, intercambia una larga mirada con su pequeño hijo.

El estilo de La piel cansada es realista, pero metaforizado por la imaginación de un niño de siete años. La pequeña historia es totalmente verosímil, incluidos el enorme mosquito y sus acompañantes amarillos, que inundan de gas el vecindario.

Sin embargo, el clímax es una escena que rompe el realismo y la narración. Con un estilo que recupera la cultura popular y que nos recuerda el mejor cine de Pedro Almodóvar, el niño canta, sobre una grabación de Jenny del Castillo, la canción que da título al cortometraje.

La piel cansada puede interpretarse como un homenaje a esos seres marginados, sin techo y sin voz, pero que aún guardan la esperanza, la imaginación y la alegría.