23 ene. 2011

CA-4: Imagen y semejanza

Poeta astronauta

Julio Serrano / GUA

El poeta guatemalteco Julio Serrano Echeverría presenta el libro “Imagen y semejanza” de Carmen Lucía Alvarado como una profunda reflexión sobre la lengua desde el lenguaje.


Imagen y semejanza, Carmen Lucía Alvarado. Cultura, 2010: Guatemala.

Los hermanos Wachowski pasaron a la historia por su maravillosa adaptación del mito de la caverna, en ese sentido Matrix es a la vez un tratado de metafísica y de teoría del conocimiento, cómo percibimos el mundo y cómo lo representamos ha sido uno de los grandes temas de la cultura occidental en sus inevitables física-metafísica. De ahí que encontremos algo de aquellas sombras de la caverna en casi todo lo que hacemos. También sospecho que estaremos de acuerdo que aunque los muñequitos proyectados en la pared de aquella cueva platónica nos definan en parte, estamos totalmente conscientes que desde esta región del planeta en este momento histórico (y digamos que en muchos más) no podemos definirnos a plenitud en ese canal occidental.


Claro, henos acá escribiendo y leyendo en español, invadidos e invasores a la vez, intuyendo que somos en realidad nuestras contradicciones, nuestros mundos, de lo precolombino a lo platónico fundidos en nuestra natural, saludable y compleja locura.


Imagen y semejanza es un poético recorrido por la caverna, arte rupestre y viajera del tiempo, al mejor estilo de una poeta astronauta, Carmen Lucía Alvarado ahonda acá en la materia prima de esa gran crisis epistemológica del mundo, el lenguaje.


Se lee en el primer poema:


Empezarás a deslizarte

raíces y voces

Que te acompañarán hasta el final

De la vida

La vida que de ahora en adelante

Será sinónimo de desconocimiento.


El libro parte pues de una suerte de diálogo entre un dios y una criatura, en la que a través de un recorrido por la realidad inmediata y cogniscibile sale a flote la gran angustia que podemos entender desde la referencia a Matriz y la Caverna, en qué medida esta realidad que habitamos es la realidad y si así fuera qué es lo que hacemos cuando enunciamos, cuando nombramos o cuando no lo hacemos, qué hay en las palabras y más angustiante aún que hay detrás de ellas.


Habla la criatura:


Entonces el fracaso se acumula

Perforas papel adentro todo lo que quisiste ser

Perforas con rabia cada palabra

Grabada con todo el sentido

Ese sentido que habla tu idioma

Y que tiene un lugar reservado en la nada.


O como dice más adelante


Las palabras serán de los que se reconozcan vacíos


El nombre del libro trae su propia trampa, occidentaloides y judeocristianos (con lo que eso represente) no podemos pensar la idea de imagen y semejanza sin elaborar una referencia bíblica en la cabeza, la relación con el Dios del Pentateuco y la idea de que “fuimos creados a imagen y semejanza de”, en este sentido el libro inicia con su propia trampa, su propia caverna lingüística, en realidad esta referencia apunta más bien a uno de los principios fundamentales de la filosofía del lenguaje, imagen y semejanza, poética alegoría del signo funciona en este texto como aquel arbolito saussuriano y su significante y significado, tal como lo vemos en la portada, un Cristo contemporáneo con los ojos tapados (signo del anonimato mediático) contrapuesto a una raíz que desciende verticalmente como la del árbol. Y es que para fines prácticos ante esto que percibimos como la realidad y que irremediablemente es el punto de partida de todo lo que hacemos, solo podemos representarlo como imagen y semejanza, nombrar es delinear, nombrar es la escalera aquella del otro famoso filósofo que sugería, que una vez llegado al lugar deseado había que tirar la escalera a la mierda, el lenguaje siempre quema tras de sí sus balsas.


El personaje del libro a quien llamaremos poeta se enfrenta ante la angustia de ese otro personaje a quien sí llama el libro dios (nada sorprende que todo el libro se encuentre en minúsculas por la misma razón que ninguno de los personajes de la caverna tienen nombre propio).


La angustia toma la forma del vacío, sintetizada por el poeta cuando dice “no hay mayor conclusión que la ausencia”. Esta ausencia es el motor mismo del libro porque, para fines prácticos, la ausencia es el motor de todo, la ausencia es deseo, y ahí todos nos movemos en busca de las sombras. El lenguaje entonces trata de ser la soga con la que nos sostenemos en esta realidad, de no poder nombrar caeríamos al vacío, nombrar es organizar lo que está ahí ante nuestros sentidos, contar es nombrar, escribir poesía es nombrar, soñar es nombrar, porque el lenguaje también es el fuego en la caverna que permite la proyección en la pared como en un cine (sí, como suena, también tenían cine en esa cueva). Entonces el personaje poeta avanza en el libro tomando consciencia de su descubrimiento no del mundo, que evidentemente ya había descubierto, sino del lenguaje como esa membrana delicada que al romperse vota todo sí, pero también lo renueva.


Lo que no sabíamos era que teníamos que gritar

Porque entonces los gritos son sogas

Que sostienen los sentidos sueltos en la calle


Dios y el poeta van entonces dando cuenta del universo, del tiempo, del espacio, de las calles cotidianas y de su sombra, es decir, cada paso que damos es el paso anterior al último paso, no hablamos acá de la muerte, que es otro signo más y como tal otra representación de los sentidos, hablamos entonces nuevamente del vacío


Crear conceptos es llenar de anotaciones los días

Esas anotaciones que recogerás quizá el día del juicio final

Para poder entrar con la papelería completa a la inexistencia.


Palabras sogas, palabras escalera, extraño asidero para la angustia esta de vivir así a secas. El libro nos lleva en esta dialéctica criatura-dios al extremo mismo del propio agujero que había pronosticado, las voces se funden en una esquizofrenia que de tan angustiante llega a la calma misma, 2 pi radianes, al circunferencia que cierra, en realidad, no sabemos nada de la realidad, ni de la cueva, ni de sus sombras, ni de la llama tibia que nos calienta la espalda, lo único que tenemos es la posibilidad de nombrarlas, cueva, sombra, fuego, porque al final (y acá una de las claves del libro), al final el lenguaje es lo único que casi tenemos, traigo entonces primero a Heidegger quebrándose la cabeza con este mismo tema mientras se acerca a la locura de Holderlin “solo hay mundo donde hay habla”. Y volvemos a nuestra poeta rupestre viajera del tiempo y astronauta:


Mientras tú construyes tu cueva con papeles

Que quizá lean algunas personas

Vienes a vivir a medias para concluirte en letras

Y es absurdo

Y es bello

Y es la forma en que justificas

Porque siempre has de justificarte y eso te atormenta los amaneceres

Porque siempre debes tener ese peso del techo

Que amenaza con caerte encima

Y hacer de tu vida un recuerdo empolvado que sobrevive escribiendo.


En fin, ahí la crisis occidental, ahí nuestra sombra y nuestras cuevas, la conclusión aquella de la ausencia no es sino una puerta, de ahí tenemos la posibilidad de acceder a otra manera de entender el mundo, ahí en el vacío absoluto de las representaciones empieza la nueva fiesta, en la que nuestra realidad se abre a la posibilidad que el libro resolvió simbólicamente, la fusión de física y metafísica, o mejor aún la abolición de ambas para acceder a nuevas formas de conocimiento, híbridas, chamánicas, cuánticas, la poeta astronauta seguramente iniciará otro viaje, desde la oscuridad absoluta, no hay prisas, al fin que, como dice ese dios-lenguaje:


No temas pequeño

Nada tiene sentido

Solo abre los ojos

Pronto estarás de nuevo en la nada



*Julio Serrano Echeverría (Guatemala, 1983). Escritor y editor. Fundador de la Editorial Libros Mínimos, una de las primeras editoriales guatemaltecas en ofrecer publicaciones de descarga libre en línea, y del Festival Internacional de Poesía de Quetzaltenango. Ha publicado poesía, cuentos y artículos en diversas revistas y periódicos guatemaltecos, así como en antologías y publicaciones impresas y en línea. Ha participado en festivales internacionales de poesía. Se dedica también al documental y medios audiovisuales.