12 sep. 2008

Lo que el viento se llevó - La verdad y la memoria


La verdad y la memoria
Miguel Huezo Mixco

Visita al monumento a las víctimas de la guerra civil.

Nunca antes había estado en esta Iglesia”, pensé. Caminaba hacia el altar donde mataron a Oscar Romero. Aquí rubricó con sangre su elección: correr la misma suerte de los pobres de quienes fue voz. Santo histórico y moralista social lo llamó el poeta Francisco Andrés Escobar, el obispo ha despertado un culto espontáneo que se esparce hasta los sótanos del Vaticano.

La capilla del hospital Divina Providencia es sólo una estación del “vía crucis” de la historia salvadoreña. En todo el país se encuentran otros sitios de memoria, unos mejor recordados y otros muy olvidados. Con ellos podría hacerse el mapa de los eventos que sacudieron nuestra sensibilidad y moldearon la “personalidad” del país.

Visitarlos, palpar los objetos (fotografías, placas, monumentos) que condensan aquellos sucesos, recrearlos y, por qué no, disfrutarlos, por dolorosos que sean, exponiéndonos a la poderosa radiación que ellos emanan, debiera ser parte de nuestra educación básica: nos dan motivos para reflexionar sobre el pasado y el futuro del país.

Si hablamos de la historia reciente, marcada por la guerra civil, el Monumento a la Verdad y la Memoria, ubicado en el Parque Cuscatlán de San Salvador, es una pieza fundamental para la reconciliación nacional. Fue construido en 2003 gracias al esfuerzo de familiares de las víctimas y de numerosas organizaciones civiles y públicas.

Goza, además, de un entorno excepcional. A unos pocos pasos se encuentra la Sala Nacional de Exposiciones, fundada por Salarrué. En dirección sur poniente está el Museo Tin Marín, un proyecto educativo innovador. En el extremo poniente, Julio Reyes ha realizado un magnífico mural que recoge hitos de la historia salvadoreña. Las autoridades municipales debieran mejorar el aseo, prohibir el ingreso de vehículos y realizar un empedrado que evite las polvaredas.
Erigir este Monumento fue una de las recomendaciones de la Comisión de la Verdad nombrada por Naciones Unidas. Consta de un muro construido con más de cuarenta piezas de mármol grabadas con los nombres de unos 30 mil salvadoreños que perecieron en el marco del conflicto armado. Los nombres del sacerdote Rutilio Grande, el ex canciller Mauricio Borgonovo, el poeta Roque Dalton y el empresario Roberto Poma se mezclan con otros miles de sacrificados.

Faltan nombres; muchos. Pero en el espíritu de las recomendaciones de la ONU, ese Monumento debe ser un emblema capaz de convocar a toda la sociedad independientemente de su color político.

Las autoridades nacionales han preferido no asomarse por ese lugar y evitar cualquier gesto de reconocimiento a esa obra. Por el bien del país, los herederos del gobierno de AlfredoCristiani, bajo cuya administración se firmaron los Acuerdos de Paz, debieran desembarazarse de los compromisos con un pasado sobre el cual ha caído un baldón universal. Honrar a las víctimas de la guerra nos interesa a todos.