14 sep. 2008

Pienso luego existo - Pedro Cortés Rodríguez

Vida en la muerte
Pedro Cortés Rodríguez
MEX, 1973

Pedro Cortés Rodríguez es docente, investigador y coordinador de edición en instituciones educativas mexicanas e internacionales. Sus áreas de interés son la teoría fenomenológica de la cultura y la estética de la recepción cinematográfica. Este texto, en torno al poema “Si la muerte”, del poeta salvadoreño y excombatiente Miguel Huezo Mixco, es un extracto del capítulo 4 de su libro “Contrasentidos. Ensayo herético sobre crítica de la cultura” (Morelia, 2006).

En uno de sus fatídicos aforismos Emil Michel Cioran narra anecdóticamente: “Dos amigas actrices en un país del Este. Una de ellas se instala en Occidente, donde se hace rica y célebre, la otra permanece en su país, desconocida y pobre. Medio siglo después, esta última viene a ver a su afortunada compañera. Era mucho más grande que yo, me sacaba la cabeza, y ahora esta encogida y paralizada. Tras contarme otros detalles, me dice a guisa de conclusión Yo no tengo miedo de la muerte, yo tengo miedo de la muerte en la vida.”[1]. En este pasaje, el sentido poético de la vida de Si la muerte de Miguel Huezo parece resumirse en la última sentencia del aforismo de Cioran donde se anuncia tenerle miedo a la muerte en vida. Aún y cuando el destino de las dos amigas es tan diverso, el fin del camino es el mismo y se le teme. Solamente viviendo se teme a la muerte porque la muerte adquiere sentido mientras se vive. De esta manera Si la muerte podría considerarse conforme a su significación cultural una metáfora de la vida. La metáfora no tan sólo entendida en su sentido retórico y poético, sino también considerando su amplio sesgo cultural.

Sirva este parangón, para expresar la intención filosófica de la interpretación sobre la que pretendo argumentar. Justamente esa intención, nos podría llevar a encontrar un veto enriquecedor de significaciones en un texto que pretende ser poético, pero sobre todo, tratando de ubicar sus sentidos dentro de los horizontes de lo cultural. Más que acercarnos a la estructura literaria de un escrito, me parece que en este caso resultaría de alta relevancia, poder observar a partir de la reflexión sobre el sentido anímico del escrito de Huezo Mixco[2]: el enlazamiento existente entre poética y cultura. Siguiendo en esto último el talante de El arco y la lira de Octavio Paz, diríamos que mientras lo poético no deja de desequilibrar y mucho menos paralizar a la cultura, lo cultural y sus formas constituyen las condiciones de reinvención inagotable para los sentidos poéticos. Si la muerte creo, nos sugiere comprender el desarrollo emotivo de dos niveles de significación tanto literaria como culturalmente. Por una parte, el sentimiento de vacío que todo ser humano experimenta cuando sobrestima la vida; y por el otro, que la finitud de la vida nos limita para satisfacer todos nuestros anhelos.

Sobre el sentimiento de vacío que en la existencia humana se experimenta cuando sobrestima la vida y la finitud de la vida que nos limita para satisfacer nuestros anhelos, podría decirse mucho en el afán de entresacar las relaciones entre poética y cultura. Con seguridad los diferentes enfoques humanísticos que tienen como centro de análisis el lenguaje y la palabra tendrían algo que aportarnos: la hermenéutica, la semiología estructuralista, la semiótica empirista, la crítica de la literatura, la lingüística, la filología, la retórica, el psicoanálisis en su vertiente filosófica, la filosofía analítica, la fenomenología del sentido o el multidisciplinar discurso del teórico crítico. En todo caso, las reflexiones que puedan derivar en nuestro desarrollo provendrían precisamente de la problemática planteada tal y como se nos da en la cultura, por supuesto, pretendiendo alejarnos lo más posible de los prejuicios teóricos y, en lugar de apoyarnos en ellos pretenderé guiarme en mayor medida por lo vivencial. Más aún, marcando a la vivencia como un resultado al observar el enlazamiento de poética y cultura tomando como núcleo la también binaria relación vida y muerte.

Más allá de satisfacernos con la respuesta biológica al preguntar qué es la existencia humana, un examen trascendental representa encaminarnos por un sendero extraviado, peor nos va, si contrastamos a la pregunta por el ser de la vida con la cuestión de qué sea la muerte. Estas interrogantes sobre la existencia humana no pueden desvanecerse de manera inmediata ante una respuesta. No quiero proponer una respuesta, pero si me interesa pensar un poco el asunto. La vida está plagada de encantos y desencantos, en la vida creemos andar en pos de la felicidad pero también encontrándonos con tristezas. Sólo porque amamos la vida deseamos estar con los amigos, con la familia, y rodearnos en cercanía de todas aquellas cosas por las que hemos adquirido afecto, y que podemos decir, hemos llegado a amarlas, que nos sentimos y somos siquiera capaces de sospecha en afán de olvidar para siempre o mucho menos de que pierdan la existencia. De este modo, la vida se convierte en apetencia, pero no cualquier tipo de apetencia, sino de una apetencia en donde no se desean únicamente las cosas materiales. Al valorar la vida, entramos en una dimensión más cercana a la apetencia espiritual, mucho más lejos de lo material. Esa apetencia representa justamente, como detallaremos más adelante, el ámbito trascendental del deseo de inmortalidad.

¿Pero la muerte también puede valorarse? Cavando más profundo que una simpleza existencialista, la muerte más que una finitud de la existencia humana ante la cual nos angustiamos; pensar y sentir el acto de morir nos empuja a experimentar la valoración radical de la vida. Efectivamente el ser humano pertenece a una cultura y por ende se encuentra inserto en una gama de costumbres y tradiciones, pues al momento en que tematiza o hace juicios, hipótesis sobre la muerte, enlaza palabras cuya significación de alto o bajo grado poético, elabora ya construcciones que implican figuras retóricas sobre la vida. No solamente metáforas, metonimias y sinécdoques en estricto y riguroso ejercicio literario, sino que en un panorama muy amplio como en el ámbito de lo cultural, la significación de la muerte evoca una suplantación, un desplazamiento de sentido dado por la insidiosa valoración de la vida. Parece un buen argumento, pero exprimámoslo o en su defecto busquemos otros.

Al hacer juicios sobre la vida condicionamos a la muerte, se le restrega un “sí, pero…” se le desea controlar. En este contexto, el deseo de controlar la muerte es el más importante. Es el primero y más originario de todos los deseos, puesto que de llegar a cumplirse este deseo originario, deseos posteriores estarían en una potencialidad más factible de llegar a cumplirse. En este sentido, la finitud de la vida en efecto nos limita para satisfacer todos nuestros anhelos, por eso se condiciona a la muerte en cada instante en que los deseos apremian la existencia humana. La vida es ese río de llanto que entre las imágenes poéticas de Ramón Martínez Ocaranza, la viva humanidad evoca barcos que dan gritos de locura ante el funesto sino de mortandad.
O bien, como el enfrentamiento condicionado con que los corsarios de Byron desafían a la muerte: “La muerte no nos aterra, particularmente si perecemos al mismo tiempo que nuestros enemigos. ¡La muerte nos parece más triste que el enfadoso reposo! Que venga cuando quiera, y mientras tanto nos apresuraremos a gozar de la vida: si nosotros debemos perderla…”[3] De tal manera se justifica que en la significación poética no se busque inmortalidad sino resurrección.


Si la muerte
Miguel Huezo Mixco

Si la muerte viene y pregunta por mi
haga el favorde decirle que vuelva mañana
que todavía no he cancelado mis deudas
ni he terminado un poema
ni me he despedido de nadie
ni he ordenado mi ropa para el viaje
ni he llevado a su destino el encargo ajeno
ni he echado llave en mis gavetas
ni he dicho lo que debía decir a los amigos
ni he sentido el olor de la rosa que no ha nacido
ni he desenterrado mis raíces
ni he escrito una carta pendiente
que ni siquiera me he lavado las manos
ni he conocido un hijo
ni he emprendido caminatas en países desconocidos
ni conozco los siete velos del mar
ni la canción del marino
Si la muerte viniera
diga por favor que estoy entendido
y que me haga una espera
que no he dado a mi novia ni un beso de despedida
que no he repartido mi mano con las de mi familia
ni he desempolvado los libros
ni he silbado la canción preferida
ni me he reconciliado con los enemigos
dígale que no he probado el suicidio
ni he visto libre a mi gente
dígale si viene que vuelva mañana
que no es que le tema pero ni siquiera
he empezado a andar el camino

If death…

If death should come asking for me
do me the favor
of telling him to come back tomorrow
because I still haven't paid my debts
nor finished a poem
nor said goodbye to anyone
nor prepared clothing for the trip
nor delivered that package I promised to
nor locked up my desk drawers
nor told my friends what I should have
nor sniffed the fragrance of the unborn rose
nor laid bare my roots
nor answered an overdue letter
because I haven't even washed my hands
or known a son
or gone hiking in unknown countries
nor do i know the sea's seven sails
nor the song of mariners
If death should come
please tell him I understandand to wait a bit
because I haven't kissed my sweetheart goodbye
nor shaken hands with my family
nor dusted my books
nor whistled my favorite song
nor become reconciled with my enemies
tell him I haven't yet attempted suicide
nor seen my people freed
tell him if he comes to return tomorrow
that it's not because i fear him but because
I haven't even set off along the road.

Translated by Claribel Alegria and Darwin J.Flakoll

[1] E. M. Cioran, Ese maldito yo, pp. 25-26.
[2] Añado sin dejo alguno de legitimidad artística, que la obra de Miguel Huezo Mixco (El Salvador, 1954) en particular Comarcas, su quinto libro de poemas publicado, obtuvo el Premio Centroamericano de Literatura Rogelio Sinán 1998-99. Es también autor de los libros: Memorias del cazador furtivo (Poesía, 1995); Memorias del burdelero (Poesía, 1995); El ángel y las fieras (Poesía, 1997); La casa en llamas: La cultura salvadoreña del siglo XX (Ensayo, 1996). Varios de sus trabajos se recogen en revistas de su país, así como en publicaciones como Casa de las Américas de Cuba o la extinta Vuelta que dirigió Octavio Paz, recientemente han aparecido artículos suyos en La Jornada Semanal. Conozco su escrito denominado Si la muerte gracias al performance de 1996 realizado por la pianista y cantante greco-norteaméricana Diamanda Galás, quién también ha llevado a la dimensión de la música nueva, textos de Tristán Cobière, Charles Baudelaire y Pier Paolo Pasolini entre otros.
[3] Lord Byron, El corsario, pp. 9-10.