15 may. 2006

Azar

Mayra Barraza

“No cabe duda de que la vida carece de sentido” leía al azar entre las paginas de los cuadernos publicados de Cioran. Lleno de subrayados y apuntes de hace cuatro años, con la etiqueta de un delicioso Cohiba haciendo de marcador de página, me encuentro con algo que había pasado por alto. Un pequeño párrafo menciona a Baltasar Gracián y su “Oráculo manual y arte de prudencia” - justo el libro que tengo a medio leer.

Jesuita español del siglo XVII, escribió trescientos aforismos sobre lo que en su época llamarían un gobierno acertado de las acciones humanas. “Las verdades que nos importan siempre vienen a medio decir” dice Gracián. Y es que en medio de esta conjunción azarosa de personas y eventos que conforman nuestras vidas, solo podemos intentar descifrar algunas verdades para encontrarle sentido al camino escogido.

Curiosamente, Cioran compara el tono del “Oráculo” con el del “Tao Te Ching” (El Libro del Camino y la Virtud). Lo que me lleva a pensar en otro texto chino que sin embargo esta basado en un pulcro sistema algebraico: el I-Ching o Libro de las Mutaciones. Tres monedas se tiran al aire. Cara o cruz tienen un valor numérico asignado, la suma de esos tres puede dar una de 4 combinaciones. Se tiran las monedas seis veces y listo. El universo deja de ser avasalladoramente infinito y se reduce a un espectro de 64 posibles respuestas.

Mi última consulta - desatada por una incertidumbre paralizante - dio como resultado la siguiente respuesta: “Si ya no queda a donde uno debiera ir, es venturoso el regreso. Si todavía hay algo entonces es venturosa la prontitud.”

Queda claro, el mundo no es solamente un confuso laberinto de preguntas y encrucijadas, sino también de respuestas. Pero cuando por caprichosa suerte la respuesta coincide en perfecta sincronía con la pregunta y nos encontramos en sublime felicidad, no queda nada más que dejarse llevar.

Publicado en La Prensa Gráfica, Noviembre 2004