16 ene. 2011

PIENSO, LUEGO EXISTO: Adán Vallecillo







Habacuc y los imperativos de belleza, bondad y verdad

Adán Vallecillo

HON


Vivimos dentro de una realidad y todo nuestro crear y

trabajar presupone siempre una relación verídica con esta

realidad. Si es falsa la convicción que tenemos de ella, se

introduce algo falso en todo nuestro sentir y querer.


Herman Nhol


No cabe la menor duda que en toda la historia de Centroamérica no hay ningún artista que haya ostentado la fama mundial de Guillermo Vargas Habacuc quien saltó a la palestra pública internacional a partir de su exposición personal en la galería Códice de Managua Nicaragua en el 2007. Dicho acontecimiento goza en la actualidad de tanta popularidad no por la trayectoria de este polémico artista costarricense, quien se ha destacado por la efectividad y coherencia de sus propuestas en importantes muestras dentro y fuera de la región, entre ellas: la Bienal Centroamericana del 2006 en San Salvador (donde obtuvo la primera mención de honor por su obra “Alfombra Roja”), la feria de arte contemporáneo MACO, en México, D.F. en el año 2004, la muestra “Nuevas tendencias del arte costarricense”, que se realizó en Washington D.C en el Museo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en el 2003, el Armory Show, de New York, en el mismo año, o la importante feria ARCO, que se realiza cada año en la ciudad de Madrid, España, entre otras.


Habacuc es hoy en día el artista centroamericano más conocido fuera de nuestras fronteras gracias a las implicaciones éticas de su proyecto expositivo denominado “Exposición # 1” en el cual presentó una serie de 4 piezas que según la propuesta deben ser apreciadas de manera articulada. A la entrada de la muestra los asistentes leían un texto hecho con croquetas para perro que decía “Eres lo que lees” junto a un incensario de barro donde se quemaron piedras de crack y marihuana, mientras se entonaban las notas del himno del Frente Sandinista, pero al revés.


Sin embargo, ha sido otra de las piezas (la acción de amarrar un perro callejero y privarlo de alimento durante el desarrollo del evento) lo que ha enardecido a miles de ciudadanos del mundo quienes a diario se manifiestan -especialmente a través del Internet- repudiando y condenando que en nombre del arte se haya realizado un acto de tales características e implicaciones morales.


La importancia mediática, y porque no decirlo política que ha alcanzado este caso se manifiesta en la reunión de más de un millón de firmas de todo el mundo en una petición para que se le impidiera al artista participar en la Bienal Centroamericana a realizarse en Honduras en el 2008; así como en la innumerable cantidad de sitios en la red donde los cibernautas pueden desatar toda su ira y repulsión contra el artista.


Desde el mundo del arte la respuesta ha sido poca y además superficial. Los artículos escritos (por periodistas en su mayoría) parten de las fuentes de la polémica generada en Internet, por lo que la construcción y conclusiones de sus argumentos se realiza en torno a valoraciones morales que descontextualizan el contenido sociopolítico e histórico donde se desarrolla la obra, así como el contenido que emana de su relación con la práctica específica del arte, ambos aspectos cruciales para entender cualquier manifestación artística que implique más que una representación de la realidad: una modelización de lo que representa a partir de un dilema ético puntual.


Por tal razón, lejos de un reduccionismo simplista, para hacer una aproximación crítica a este proyecto me interesan aquellos aspectos que permiten enriquecer la reflexión a partir de la relación entre los elementos formales y su contenido.


Para ellos me gustaría comenzar situando la “Exposición #1” como un espacio de encuentro de elementos dialógicos e interactivos más que inspirados en la trama social insertos en esta. Desde la decisión del artista por un tema tan sensible en las relaciones entre Costa Rica y Nicaragua, pasando por la elección de medios que se conjugan en un ritual que se vale del texto escrito, la música, y la acción conmemorativa, hasta los valores que desatan su efectividad mediática.


La elección del contenido político de esta obra no es fortuita. Trae a la luz del debate la muerte de Natividad Canda. Un inmigrante nicaragüense adicto al crack que murió a causa de las mordeduras de dos furiosos perros rottweiler en la ciudad de Cártago, Costa Rica, en el año 2005. Natividad entró sin autorización al taller mecánico donde se encontraban los perros, mientras lo atacaban el acto fue filmado y ocurrió ante la presencia de bomberos y policías (dos de ellos actualmente enfrentan cargos de homicidio por omisión en los tribunales costarricenses)


Sin embargo, vale recalcar que el aporte del artista no se reduce a extrapolar el acontecimiento de la muerte trágica del inmigrante a la acción de privar de alimento y movilidad a un famélico y enfermo perro callejero de Managua, nombrado en la exposición con el mismo nombre de Natividad. La riqueza crítica del acto artístico radica en la puesta en escena de dos situaciones que parten de una misma realidad social de pobreza e injusticias, pero que apuntan a evidenciar mecanismos de respuesta popular disímiles: Por un lado, el olvido y la indiferencia que pesa sobre la muerte cruel de Natividad Canda y miles de seres humanos que mueren a diario a causa de la pobreza y las injusticias, y por otro, el repudio masivo y sistemático por la sustracción de un animal hambriento de su entorno tradicional y del cual se rumora que murió de inanición en nombre del arte.


Eso, obligadamente nos lleva a preguntarnos ¿Porqué la acción del artista en la galería tiene una mayor resonancia mediática y provoca más repulsión que la muerte de personas en circunstancias tan deplorables y agónicas, en las cuales se pone el valor de la propiedad privada por encima de la vida?


El sistema social en el que vivimos revierte el sentido de la realidad y por eso para muchos artistas se vuelve necesario poner las relaciones en reversa para descifrar “el mensaje oculto”. Tal vez esa sea la razón por la cual Habacuc pone el himno del Frente Sandinista de Nicaragua al revés. Una invitación a pensar el sentido de pertenencia y los íconos nacionalistas que se manifiestan en la obra en términos no solamente espaciales sino también temporales. De allí el énfasis dialéctico de sus elementos que articulados a la trama social se desprenden como punto de partida de la muerte de Natividad en Costa Rica y se desplazan a Nicaragua (su país de origen) tomando en cuenta no solo la dimensión política del acontecimiento, sino también su dimensión cultural, por lo tanto simbólica (materializada en la mezcla racial del perro y en el acto de quemar piedras de crack y marihuana en una urna de cerámica de influencia precolombina); para luego desencadenar en un debate público en el cual continúa la construcción de sentido de la obra y sus interpretaciones. Y para efectos de la reproducción mediática el valor de la afirmación “Eres lo que lees” en la pared de la galería y escrito con comida para perros, desata una multiplicidad de lecturas en relación a todo el ritual conmemorativo y su posterior desarrollo, pero también pone en tela de juicio la manipulación de la veracidad del mensaje una vez que pasa por múltiples interpretaciones.


Todo parece indicar que dicho desarrollo ha estado condicionado y en buena medida manipulado por los imperativos morales desde los que una gran mayoría asume que el terreno axiológico es un terreno vedado para los artistas, a pesar de que hace varios siglos el mismo Kant planteaba que “solo en el plano simbólico los imperativos estéticos son también imperativos morales”.


Y es que para entender mejor la práctica artística de Habacuc es importante tener claro que no puede valorarse bajo el criterio de la ausencia o presencia de la belleza. En palabras de él mismo: No es el ruido mediático lo que busca el espacio creativo en mi exposición, pero está implícito que la creación ética y estética genere diversas manifestaciones entre sus espectadores, las cuales van desde el rechazo, la aversión, la aceptación y la reflexión, hasta involucrar el tan menospreciado “proceso mediatizador”.


Es por eso que no se trata de censurar las reacciones del público hacia una obra tan polémica y que ha desatado tanto repudio, ya que el sentido que se ha construido hasta ahora se debe a la reacción en cadena generada por el rechazo a este tipo de prácticas experimentales en nombre del arte. No es una casualidad que el mismo Habacuc haya firmado la petición que circula en internet para sacarlo de la Bienal Centroamericana. Cuando le pregunté en una entrevista que le hice en su residencia en Costa Rica, la razón por la cual había firmado la petición, respondió: “todo artista firma su obra”


Queda claro, entonces que, de nada le serviría a este artista que sus propuestas se percibieran como normales. Para su finalidad, resulta fundamental que las personas manifiesten su incomodidad cuando sienten confrontados sus valores tanto estéticos como morales; sin embargo, a mi juicio, el máximo valor de su arte no radica en ser un medio para la expresión de la gente. El máximo valor de su trabajo radica en la capacidad de hacer manifiesto a través de los elementos que forman la obra, el cuerpo como espacio y objeto de ultraje político y mediático, por lo que no es, ni será nunca su tarea, complacer el gusto de una sociedad con un déficit significativo de humanismo y dignidad; para esto ya tenemos suficiente con la publicidad.