13 jun. 2010

Pienso, luego existo: Miroslava Rosales



Arte por la memoria de Romero
Miroslava Rosales

SAL

Escritora y periodista licenciada en Periodismo por la Universidad de El Salvador, Miroslava Rosales pertenece al grupo literario El Perro Muerto desde 2008. Su obra literaria forma parte de la antología “Nuevas voces femeninas de El Salvador”, a cargo del escritor Manlio Argueta y publicada por la Editorial de la Universidad de El Salvador (2009). Aquí, nos hace un recuento informativo de la prolífera y estrecha relación entre el legado de Monseñor Romero y los artistas que le acompañan en su camino. MB



Muchos artistas han asumido el compromiso de retomar la figura de Monseñor Romero en sus producciones; otros han preferido huirle por sus connotaciones políticas. Para algunos, circunstancial; para otros, una preocupación permanente. Pero ha sido una figura que sigue suscitando creaciones, experimentos, interrogantes sobre la condición humana.

Entras a la Sala de los Mártires del Centro Monseñor Romero. La sala nada en el silencio, guarda los objetos personales de este mártir asesinado el 24 de marzo de 1980. A la entrada, a un lado, la pieza es impresionante: un cuadro de Benjamín Cañas. Monseñor Romero de blanco y sin vida. Un militar le mira. Una mujer desnuda posa en el pecho de Monseñor una flor. Autoridades clericales. En la parte superior, el rostro de Cristo.

Una “obra maestra”, en palabras de la historiadora del arte Astrid Bahamond. “La obra de Benjamín es excelentísima”, dice. La pintura se llama “El entierro” (1981), y fue expuesta por primera vez en 1981, en la biblioteca Martin Luther King de Washington DC y posteriormente en el Museo Forma de Miami. Técnica: pastel y óleo sobre papel.

Romero un icono, un “icono casi universal” dice el pintor Isaías Mata. “Para mí es un pensamiento presente, continúa teniendo vigencia. Es una voz que genera fe, esperanza. Creo que nos dignifica como salvadoreños. Es una imagen que dignifica al ser humano”.

In memoriam

Las artes visuales quizá sean las más prolíficas en cuanto a producciones artísticas en torno a la figura de Monseñor Romero. Eso en parte “porque trabaja con los materiales de los iconos”, explica el estudioso de la literatura Ricardo Roque Baldovinos.

Solo en la capilla de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas encontramos un retrato de Miguel Ángel Orellana y un tríptico de Fernando Llort. Piezas que desde sus especificidades han rendido homenaje a este personaje histórico, que espera su canonización.

El retrato sea quizá el modo de representación más cultivado. En el de Orellana, la figura de Monseñor tiene un “fondo oscuro y tenebroso como el momento histórico” que le tocó vivir, escribe el autor. Él fue “la luz, es luz”. La tez morena, bronceada, bañada por el sol, nos dice su contexto: un hijo del pueblo que como Cristo “murió para nacer de nuevo en el pueblo que le ama y llora”.

El tríptico de Llort se alza en el altar. En la parte superior de la cruz, parte central de las tres piezas, se encuentra el Ángel Guardián, “el mensajero celestial, el ángel de la paz”, en palabras del creador. Más abajo un pájaro “clama y canta y proclama que la justicia divina está cerca”, representada por las balanzas. Dios en medio de su pueblo, pero no de cualquier pueblo, sino de un pueblo nuevo, una “nueva civilización”.

Luego, tenemos el altar de la capilla del Hospital de la Divina Providencia, lugar del asesinato, el correr de la sangre. Por ultimo, una semilla de maíz, que ha germinado a un hombre nuevo.

Un Salón por Monseñor

En el 2005, en la Sala Nacional de Exposiciones “Salarrué” se dedicó el Salón a Monseñor Romero, con el título “Romero, arte y palabra”, bajo la iniciativa de la Fundación Romero. “Me pareció loable totalmente. Todo el Salón estuvo muy bien representado”, opina Bahamond.

Una experiencia en la que participaron Isaías Mata, Ronald Morán, Walterio Iraheta, Antonio Bonilla, Carmen Elena Trigueros, José David Herrera, Simón Vega, Cristina Alcaine, Armando Solís, Benjamín Cañas, Luis Fernando Ponce entre otros.

Ronald Morán nos dice de su pieza participante: “Fue circunstancial, fue una simbólica demostración de afecto y admiración a su figura, una sincera muestra de gratitud” a ese ser humano que para él tiene “una dosis muy alta de conciencia. Alguien que no es fácil de olvidar por sus enseñanzas y su valentía”. Morán quería señalar ese “caso extremo, el atropello a la verdad, que no ha cambiado a través de los siglos a pesar de tanta supuesta evolución”. En esa exposición “todos hicimos una manifestación pacífica y civilizada a pesar de tanta conmoción y apasionamiento”.

Otra de las participantes fue Carmen Elena Trigueros, cuyo trabajo puede ubicarse en el arte contemporáneo. Ella tiene una pieza que forma parte de tres trabajos realizados en tres momentos de su vida y que se llama Gente vip, en la cual hay una frase que dice: “Autorretrato con Monseñor y gente Vip”, y que más abajo agrega: “A los veinte años de su muerte”. Trigueros sostiene una imagen de Romero, apenas a ella se le ven los ojos, fijos al espectador. Un desfile de rostros pobres, escuálidos y amarillentos a su alrededor como muestra de que Romero vivió entre esa gente.

Para esta artista, Monseñor Romero es el salvadoreño de quién se puede sentir más orgullosa, es una persona que admira muchísimo, por su ejemplo de vida, por todo lo que él fue, lo que él hizo y significó en una parte muy dura y triste de la historia.

Otra de las piezas, Monseñor esta vez es sostenido por la mano de un hombre (posiblemente) de piel muy oscura, muy maltratada. En todo él hay un sinfín de rostros sin boca, con sus ojos muy negros y sus pieles muy oscuras. Este pieza se llama “La voz de los sin voz”.

Si se pensaba que la figura de Monseñor Romero venía tratándose solo en formatos tradicionales y que las formas de expresión del arte contemporáneo eran muy recientes, hay una instalación de Romeo Galdámez que dice lo contrario. Realizada en 1984, en el contexto de su exilio, en la Escuela de Michoacana de Diseño, Morelia, Michoacán, México.

Galdámez lo considera como “el personaje más emblemático en la configuración de la sociedad salvadoreña contemporánea, presente en la memoria colectiva nacional e internacional.”

Este artista se apropia del ícono visual de Monseñor Romero principalmente en su propuesta gráfica e instalativa de los inicios de los 80, expuesta en México y en la galería de Casa de las Américas en La Habana, “motivado y conmovido por su martirio y connotaciones en la vida nacional”.

Letras conmovidas

“Yo creo que todavía la figura de Monseñor Romero, el impacto de Monseñor Romero en la sociedad salvadoreña es algo que no ha sido muy elaborado en la literatura de ficción”, afirma el académico Ricardo Roque Baldovinos.

Es más, se podría afirmar también que la poesía ha sido la que más frutos ha dado en homenajes a Monseñor. Matilde Elena López, José Roberto Cea, Carmen González Huguet, Mario Noel Rodríguez, Otoniel Guevara.

En novela encontramos “Un disparo en la catedral”, de Mario Bencastro, publicada en 1990. “Una novela política, no panfletaria ni amarillista. El historiador y el novelista caminan muy cerca, muchas veces se cruzan... es un magnífico ejemplo de novela, de cómo tratar de manera profunda, objetiva y ágil las realidades más difíciles e intensas de nuestro continente”, dice Carlos Montemayor, Jurado del Premio Literario Internacional Novedades y Diana, México.

En teatro, las fronteras no han detenido las producciones. “La ofrenda escarlata”, de Jean Pierre Norte, escrita y puesta en escena en Francia; “El martirio del pastor”, del costarricense Samuel Rovinski, puesta en escena por la Compañía Nacional de Teatro, Costa Rica; “Óscar Romero” de Gehard Fries, llevada a las tablas por la Compañía de Berlín.

Otras expresiones también han retomado su figura. Hay un oratorio, “Réquiem e invocación”, música de Newell Hendricks y letra de Desise Levertov, estrenado en 1983 en Estados Unidos. Recientemente se presentó una obertura dedicada a Monseñor Romero, por Carlos Colón.

Asimismo, el video documental ha tenido presencia. Uno de ellos es “Once upon a time”, de Carmen Guzmán Martínez, sobre las memorias de un grupo de cien norteamericanos que viajaron a tierras salvadoreñas para participar en las conmemoraciones del XX aniversario del Martirio de Monseñor. Ha participado en el Festival de Cine Digital, de Palma (2002); Cine pobre, Cuba (2002) y el Certamen Centroamericano de Video.

¿Por qué esta figura suscita tanta inspiración artística? El académico Francisco Andrés Escobar explica en su artículo El cielo derramado (1990) que “el bien, la verdad, la libertad y la justicia son valores humanos, aliento de toda obra de arte. Monseñor Romero, en su palabra y en su vida es patencia, encarnación histórica de tales valores”.

Para el arte, dice Escobar, “Monseñor Romero es consolación elevada a inspiración que sale desde los límites recónditos del alma y retorna a ellos”.

Es interesante detectar que en las producciones de los artistas jóvenes, este tema no sea una constante. Ellos “tienen otro tipo de preocupaciones que están ligadas a su realidad inmediata, a su realidad cotidiana. No he visto un esfuerzo muy sostenido de reflexión histórica, que implicaría una exploración, un rescate de figuras como Monseñor Romero”, concluye Baldovinos.