13 sept 2008

Terraemotus - René E. Rodas


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Poesía
René E. Rodas
SAL, 1962
De “El libro de la penumbra”

Un hombre escribe un libro sobre la vida, sobre la gestación misteriosa y originaria de la vida, y le resulta imposible no hablar de la muerte. De la muerte que le espera al final de la última jornada, de la muerte de quien le dio su vida, de la muerte de cada uno, ese camino desierto que no se parece a ningún otro. La muerte como parte inquietante y a veces atroz de la vida: esa traición ineludible. René E. Rodas ha publicado los poemas Civilvs I imperator, Diario de Invierno, Balada de Lisa Island; así como Santiago la Bellita y otros relatos. Tiene inéditos los poemas Cuando la luna cambie a menguante, El museo de la nada e Isador en el desierto. Actualmente trabaja en San Rodablás el deshabitado. El libro de la penumbra se publicó por entregas en la primera época de El Ojo de Adrián.

Instrucciones para mirar a los muertos


Que estas palabras te sean prevención. Tu inocencia misma no será atenuante en los reinos de la muerte.


La muerte monta sus dominios en los lugares más insospechados y no admite falta de tributo.Así los muertos están embrujados de silencio en las márgenes del tiempo.


El mundo alrededor de ellos parece fuera de lugar como una mesa a la que le sacaron la casa de encima.


O como muchedumbre de refugiados a quienes les sacaron como un tapiz bajo sus pies la ciudad que trajinaban.


Muertos son sus ojos que huelen a muerte: la luz huye de ellos horrorizada.


Muertos desde adentro, la muerte brota de ellos como una flor obscena que desdeña los mandatos del sol.


En el pervasivo horizonte de sus dominios, la muerte sólo se presiente en los inútiles arañazos del viento contra las cornisas.


Si la carreta en que viaja la muerte roza la órbita de tu estrella, sostente de frente y en pie. El dolor impotente no conoce lenitivos.